¿Por qué desayunamos huevos?

 

por Sascha Bos @ All about Eggs; foto: Arthur Rothenstein (shorpy)

Es difícil responder esa pregunta sin hacerse esta otra: ¿Por qué desayunamos? Los antiguos romanos desayunaban. Llamaban ientaculum a esa comida, que incluía huevos si es que los había. Cuando los romanos terminaron por ser expulsados de Europa el desayuno se fue con ellos; durante la Edad Media los europeos hicieron dos grandes comidas al día (los romanos hacían tres). Los normandos merendaban hacia las 9 de la mañana, lo que hacía superflua una comida para despertar temprano. Médicos y líderes religiosos de la época consideraban gula comer antes de la cena, por lo que el desayuno se reservaba a los niños, los ancianos y los trabajadores manuales, que necesitaban de esa energía a primera hora del día.

 An electric refrigerator helps Mrs. Case keep her eggs fresh in Lauderdale County, Alabama. This photograph for the Tennessee Valley Authority was taken by Arthur Rothstein in June, 1942.

An electric refrigerator helps Mrs. Case keep her eggs fresh in Lauderdale County, Alabama. This photograph for the Tennessee Valley Authority was taken by Arthur Rothstein in June, 1942.

En Occidente es apenas en 1620 que un escritor inglés de medicina, Tobias Venner, sugiere de hecho comer huevos de desayuno: pochados, con sal, pimienta y vinagre, acompañados de pan y mantequilla. En uno de los libros de cocina más antiguos de Inglaterra, The Closet of Sir Kenelm Digby Knight Opened (1669), Sir Digby –canciller de la reina Henrietta Maria– sugiere comer “dos huevos recién puestos en el desayuno” (también los recomienda pochados). Esto nos lleva a otra teoría: ya que las gallinas ponen los huevos de mañana, tiene sentido que los granjeros los utilizaran en el desayuno. (Estrictamente hablando, esto no es correcto. En realidad las gallinas ponen huevos en un ciclo de veinticinco horas; depositan huevos varias veces a lo largo del día, hasta que llegan a la mágica hora de las tres de la tarde, cuando empiezan de nuevo el ciclo completo.)

Los ingleses comenzaron a comer la merienda cada vez más tarde –incluso hasta las 4 o 5 pm para el final del siglo XVIII– lo que empujó a la cena incluso más tarde y creó la necesidad de una tercera comida: el desayuno. En el siglo XIX el desayuno despegó en serio. La Revolución Industrial abre paso a la necesidad de obreros, que a su vez necesitan desayunos pesados, y la Segunda Revolución Industrial y el ascenso del nuevo rico ven la creación del full English breakfast, una comida cargada de huevos que puede o subir un escalafón (desayuno en tres tiempos) o bajarlo (frijoles, pan tostado y un huevo).

A lo largo de su historia el desayuno ha sido el dominio del obrero. Quienes podían comer más tarde, más espléndidamente, lo hacían. El obrero necesitaba proteína y grasa –fuentes de energía de lenta metabolización– para aguantar el día, y los huevos fueron una alternativa barata a la carne. La necesidad de un desayuno llenador significó que el huevo sirviera de proteína principal, y que uniera a los proletarios de todos los países.~


Reprinted from All about Eggs. Copyright © 2017 by Lucky Peach, LLC. Photographs and illustrations copyright © 2017 by Tamara Shopsin and Jason Fulford. Published by Clarkson Potter, an imprint of Penguin Random House, LLC. 

 
alonso ruvalcabaHUEVOS, DESAYUNO