Buna

 

por HS; fotos: Ana Lorenzana

 
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Buna empezó hace cinco años con un fin último: formar con integridad de principio a fin una cadena productiva de café. Una cadena en la que todos los eslabones fuesen igual de importantes: desde los agricultores hasta los baristas. Y lo han logrado.

Para llegar hasta aquí, en cada paso del camino, primero se cuestionaron: ¿por qué se hacen así las cosas? Y entonces decidieron hacerlas de forma distinta, mejor para todos los involucrados en el proceso. Su filosofía es siempre preguntarse cuál es la mejor forma de hacerlo. Y llevarla a cabo. Se trata de honrar la tradición y aprender de lo que ya existe, pero también de encontrar la mejor manera.

            Así que gran parte del objetivo en Buna es recorrer las diferentes zonas productoras de café en México, acercarse a los productores pequeños y promover que lleven a cabo prácticas orgánicas, para así generar cafés de mayor calidad. Dichas prácticas agroecológicas son dirigidas y supervisadas por un equipo de biólogos, quienes las promueven a partir de tres pilares: nutrición del suelo, la calidad de la materia prima y que sea un negocio sustentable o, en otras palabras, que se base en un comercio justo.

A su vez, ayudan a los agricultores a alcanzar sus potenciales máximos, invitándolos a que no basen todos sus ingresos en un producto y que aprendan a diversificarse. Es una constante colaboración, porque Buna los ayuda, pero los agricultores se comprometen a seguir las prácticas agroecológicas: sin químicos y en ecosistemas sostenibles. Los integrantes de Buna les muestran su enfoque a los agricultores, para que lo comprendan y se vuelvan parte de éste, que no sea sólo una exigencia.

Una vez palomeado el campo, en Buna también tuestan el café de una manera distinta. Y así operan de principio a fin, con todo el producto y todas las personas involucradas en el proceso: desde cada planta de café hasta cada taza humeante. Lo más importante en Buna es la calidad. Y aquí es donde destacan como empresa: no es sólo la calidad en el sabor del café, sino la calidad con la que se produce. Siempre se preguntan: ¿el impacto que tiene en la gente y en el ecosistema, es también de calidad? Todo lo que rodea una taza de café Buna está impregnado de calidad.

La integridad de las prácticas, la calidad del producto, el proceso de tueste, la experiencia del cliente son partes cruciales del compromiso interno en Buna, y lo toman como parte intrínseca de la chamba. Los procesos de todos los que son parte de Buna han sido, cada uno a su manera, como una página en blanco: aprendiendo desde cero, investigando, cuestionándose, mejorándolo, siendo parte del proceso sin olvidar su bagaje ancestral.

Buna genera ocho sellos distintos, todos con personalidades específicas, que se dividen en dos: confort o aventura. Los confort son apapachadores, chocolatosos, clásicos, como sabe el café siempre. Los aventura son más atrevidos y locochones, con sabores más alejados del café tradicional.

Está claro que en Buna van mucho más allá de lo que ya es, del mundo como lo conocemos. Del café de siempre. Cuando algo sabe bien, no requiere explicación. Así es y ya. Se disfruta y punto. Sin pensarlo de más. Y Buna es rico de principio a fin.


En Buna hacen café rico y les gusta demostrarlo. Ellos los invitan no sólo a probarlo, sino a acercarse a que conozcan todo el proceso. Si les gusta el café, háganlo, vale la pena: www.buna.mx