Tequila Revolución

 

TRADICIÓN Y CORAZÓN DE MÉXICO

por HS; imagen por Ana Sofía Morales

 
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Es probable que los primeros intercambios comerciales en México se llevaran a cabo en la versión de aquel entonces de un mercado, posiblemente sobre chinampas que ofrecían mercancías y materia prima variada. En estos lugares seguro había productos para el deleite de quienes podían pagarlos, y entre éstos últimos estarían el cacao, el algodón, el jade y, cómo no, el destilado de agave.

Hasta la fecha el mercado (y el mercadeo) funcionan bastante parecido, y aunque el mercado se ha adaptado a la vida moderna, no ha dejado atrás sus raíces ancestrales: ser un punto en el que encontramos los mejores productos del suelo mexicano.

En Tequila Revolución también se toman muy en serio las tradiciones sin perder de vista el anhelo innovador: a través de sus técnicas de producción e insumos de la más alta calidad han logrado crear uno de los mejores tequilas de México. 

El orgullo y el amor por México en sus orígenes los lleva a respetar cómo se ha hecho el destilado de agave azul desde siempre, aunque con miras al futuro, y para ello tienen como muestra el Tequila Revolución Extra Añejo Cristalino, que es un cautivador ensamble de innovación y artesanía tradicional. 

El Extra Añejo Cristalino pasa 36 meses en barricas de roble blanco que han resguardado únicamente tequila durante al menos 20 años, lo que garantiza su carácter y pureza; después de este proceso de añejamiento atraviesa una delicada filtración, lo que le brinda sus características principales: sabor y cuerpo incomparables. 

Todas las versiones del Tequila Revolución son elaboradas de forma artesanal, en su tradicional destilería de El Arenal, Jalisco. Justo en el corazón tequilero de México.

Es desde ahí que el maestro tequilero selecciona únicamente los agaves azules Weber de la calidad más fina, cultivados bajo múltiples normas de productos orgánicos.

Una vez que se jima el agave y quedan las piñas listas, las cocinan exclusivamente en hornos de mampostería, como se hacía antiguamente; toma más tiempo que si se hiciera en un horno convencional, pero garantiza mejor sabor y aroma.

Y así lo han hecho por más de cien años, en sintonía con las costumbres más antiguas en la producción tequilera, dando como resultado una bebida de la que se sienten tan orgullosos que podrían salir a venderla en chinampas o en el mercado más antiguo, igual que lo hacían nuestros ancestros. 


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