Máximo Bistrot

 

fotos: Claudio Castro

fotos: Claudio Castro

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Mejor uso indiscriminado y brutal de uno de los tres grandes inventos de la humanidad: la mantequilla


Ustedes, como nosotros, ya estarán un poco cansados de oír y leer y comprobar que Máximo Bistro es uno de los grandes restaurantes de la ciudad. Fue el campeón de la única y malhadada guía Zagat chilanga. Ha ganado todos los premios posibles, y los ha rechazado.

Máximo tiene varios caracteres, varias formas de hacer, actuar, incluso de ser. La manera de ser de la cocina de Máximo Bistrot es múltiple. Hay el modo festivo: grandes platos que quieren ser compartidos, estar en el centro de la mesa. (Los mejillones con mantequilla de limón, que prácticamente no pueden existir si no es que varios comensales sopean la baguet en su perverso jugo.) Hay el modo hogareño, tibio, que invita al recogimiento o la introspección. En ese modo desaparecen prácticamente los juegos de acidez que hacen chispear la boca. Ejemplo: costilla de res braseada en vino tinto. Hay, al contrario, el modo playero, en que se acentúa la acidez, las chispas, como en la tostada de langosta o el salmón laminado con shishito peppers y soya. Hay un modo de arte, donde reinan las combinaciones inesperadas, la experimentación formal, como en la lubina enmolada. Hay un modo revisionista que inspecciona los platos de una tradición, los despoja y los revela en la luz de otra tradición, como el lechón confitado con pico de gallo, que acaso no es otra cosa que unas carnitas vistas desde la luz de la cocina otoñal francesa.


Por favor, no se pierdan la historia de su chef, Eduardo García, aquí, y tampoco se lo pierdan conversando con nosotros sobre grasas: la verdadera sal de la tierra.


Tonalá 133, Roma; T 5264 4291

 

💰💰💰💰 Precios. La última vez uno de nosotros estuvo en Máximo la cuenta traía un menú degustación, dos aguas minerales, cuatro copas de vino. Total: 1,845 pesos ya con el 15 de propina.~


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