Comida y migraciones. Tomo 7

Comida y migraciones. Tomo 7

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Nunca quedarse: estar todos siempre en movimiento. Ésta es nuestra celebración de vivir en otros lados.

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@PIA RIVEROLA

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Los inmigrantes viajan con sus prácticas y sus hábitos culinarios, a la vez que adquieren nuevas costumbres alimentarias que adaptan de forma natural a su nueva vida y, en ocasiones, importan a sus países de origen. El mestizaje se produce, entonces, como reflejo de la necesidad de compartir y dialogar del ser humano expresada a través de la comida.

Sylvia Oussedik

 ¿Qué sería de nosotros si le cerráramos las puertas a todo lo histórico, a todo lo extranjero, a todo lo nuevo? ¿Cómo descubriríamos nuevos sabores? ¿Cómo mejoraríamos los de antaño? ¿Cómo honraríamos a los antepasados; a la yaya, la tita o la abuelita? Somos lo que comemos, claro, y por lo tanto hay que alimentarse de lo mejor, sin duda, pero, ¿esto da lugar a descartar de entrada todo lo que no es local o del día? Asumir ese principio implicaría perdernos miles de sabores que viajan de un lado a otro en barco, en avión o en el vagón de un tren; significaría que incluso nuestra cocina típica actual, tan llena de ingredientes traídos de Europa, sabría distinto: aquí  viviríamos sólo de maíz, allá  de pura papa.

Necesitamos de la migración para conocer otras culturas, para probar el mundo y saborearlo, pero también para comunicar nuestra realidad, llevarla con nosotros y compartirla. Por lo tanto, la comida viaja en forma de recetas que se convierten en platillos en las cocinas de todos los migrantes del mundo. La gente transita de ciudad en ciudad, de país en país, y lleva consigo lo más preciado: sus recuerdos.

¿Y cómo recordamos? Con los sentidos; con olores, sabores y texturas. Porque parte de ser globales, de nadar en –o contra– las corrientes, de alcanzar el kilómetro cero, y de responder a las problemáticas realidades actuales en la industria alimenticia –como la urgente necesidad del consumo local–, es también aceptar que un gran porcentaje de nuestrosalimentos, recuerdos y gustos están formados por un cúmulo de historias y un conjunto de culturas: gracias a la migración humana –y gastronómica–. Recordemos que la comida es, también, identidad, historia y diálogo, y que una parte resulta de la evolución de lo que aportan todos los pueblos que dejan su huella por aquí  y por allá .