Es tiempo de lluvias

 

La lluvia decidió seguirnos en las vacaciones: decidió llover sobre el carro y nos acompañó hasta la puerta del airbnb. Miramos la ventana y los ojos repasaban las azoteas y las calles de la ciudad (las vacaciones de principio de agosto son en la ciudad misma: la ciudad de las inundaciones): todo despoblado. Hay más de una lluvia. Hay la lluvia que es un don de media tarde, después de la cual aparece una como torre de sol del piso al cielo. Hay la lluvia heroica que devora la sequía de julio, el primer estallido de esas nubes, cuando la cuarteada tierra entera parece trepidar y tiemblan todas las hojas y las cosas, llorando, alzan los brazos. Hay también una lluvia gris, fangosa, que ya como que cae sucia sobre nosotros, animales enjaulados en sus rejas líquidas. Hay lluvias que suceden aquí, ahora mismo. Hay lluvias que suceden sin duda en el pasado.

 Y todas esas lluvias llevan hongos a la mesa.

 Entonces decidimos traerles uno de esos padrísimos poemas rapeados de Ana Lorenzana, que rima con un paqueteo de fotos también padrísimas, para su columna que este mes se llama #EsTiempoDeHongos. ¿Hace cuánto no oían un qué hongo sonar chingón, sin ironía? ¿Hace cuánto no veían una mano verde sostener un hongo naranja? ¿Hace cuánto no se metían un buen hongo que les volara la cabeza?

 También trajimos recetas fungosas. Hay dos que empiezan igual y se van por caminos diferentes. Una es este salteado de hongos-K, que se une a nuestro creciente recetario de platos más o menos coreanos. (Gran favo de ese recetario: el taco de kimchi jjigae y yukgaejang.) La otra es esta sopita de hongos como de la Marquesa, nomás que más delicada, más sutil. Pueden empezar a hacer ambos platillos y decidirse a la mitad con cuál terminar. O hacer los dos, ¿por qué no? Los hongos aparecen por todos lados estos días.

 Otra buena idea es hacer unos tuétanos rostizados con hongos y pimienta rosa. Hay recetas con un claro ganador pero también hay recetas como ésta, de los chefs de State Bird Provisions en San Francisco, que son un gran empate, una división exacta del bolo ganador. Aquí, el premio gordo se divide entre tuétanos, hongos y pimienta rosa en partes iguales. Es una receta si no unánime al menos democrática. O pueden hacer unos hongos con canela y limón, combinación que no viene de inmediato a la mente pero que en manos de Yotam Ottolenghi parece haber estado destinada a existir desde el principio de los tiempos.

 (Uy, fablando de cocina coreana, se nos olvidó mencionar estos jangajii. Si pueden hacer uno pueden hacerlos todos. Háganlos todos.)

 No todo pertenece al reino fungi en nuestro sitio esta semana, claro, aunque si decidieran pensar en la línea entre lo moderno y lo tradicional que traza la práctica de la recolección de hongos podrían empezar por aquí. También pueden comer mariscos en El Bigotes con Ely Guerra o carnitas en El Venadito con Miwi (gran amiga!, gran chef!). O hacerse de cositas en nuestra tienda. O sumarse a nuestras redes. Estamos en el gran charco pluvial en donde están ustedes también y que se llama twitter, facebook e instagram. Si quieren, pueden borrarse de nuestro newsletter aquí. Lo aceptaremos como quien acepta la tormenta del lunes a las cinco y media de la tarde. Así es la vida. Ya ni modo.

 Ahorita acabo de acordarme: qué bonitos son los charcos de la ciudad. Y sus ratas cuando salen y se estiran y se sacuden el agua toda sucia. ¿A poco no?~