La Disneylandia de la garnacha (y el destino del héroe)

 

Quien comete la indiscreción de vivir en la ciudad de México tendrá algunas certezas que va afianzando a lo largo de su permanencia en ella. Por ejemplo, que lloverá buena parte del año pero que no necesita paraguas. Por ejemplo, que nunca habrá espacio de sobra en el metro y mucho menos en el metrobús. Por ejemplo, que hay un día en el futuro en que va a temblar, aunque sea una sacudidita. Por ejemplo, que hay más Casas de Toño que tiempo de vida. 

La Casa de Toño –dice Isabel Zapata en este ensayo personal sobre la cadena– es la Disneylandia de la garnacha. “No lo digo como un halago, pero tampoco como un ataque, simplemente lo es”, continúa Isabel. “Basta una asomadita a su historia, que es digna de un cuento de hadas.” Los protagonistas son la mamá de Toño y su vecina Aurora, que en marzo de 1983 sacaron un comal y un anafre al garaje de su casa en Clavería, inaugurando el puesto Las Poblanas. “Toño, que entonces tenía dieciocho años y estudiaba Derecho, aparece en escena un poco después, cuando los vecinos empezaron a decir Vamos a la casa de Toño, hasta que el nombre pegó y a Toño no le quedó de otra que dejar la carrera y hacerse cargo del negocio. El destino del héroe.” El texto, de nuevo, no es un elogio ni un ataque. La Casa de Toño ofrece un consuelo, una especie de remanso de certidumbre en medio de la ciudad de todos los cambios. Como volver a ver una película que hemos visto muchas veces (Isabel pone el ejemplo de La sirenita) y sabemos bien qué debe decir Ariel y cómo va a reaccionar el rey Tritón. Sigan leyéndolo acá.

(Hacen buena pareja los textos de Isabel Zapata y las fotos de Ana Lorenzana. Tomen este otro ejemplo: una casi defensa del buffet.)

Hablando de comida y cine y películas que vemos muchas veces: Luis Reséndiz y Quentin Tarantino. En preparación para el estreno de Érase una vez en Hollywood, Luis se dio a la tarea de volver a ver toda la obra de Tarantino. La tarea es considerable: al director le gustan las duraciones largas (su película anterior anda por las cuatro horas) y los diálogos farragosos. No hay casi un protagonista en toda su obra que no esté fascinado con el sonido de su propia voz. Por suerte, hay varias obras maestras y en todas hay buena comida. El repaso de Luis no olvida esta característica y entonces ha clasificado cada película asimilándola a un alimento o una bebida. Pulp fiction, que tiene carne y jugo y grasa, es una royale con queso; Bastardos sin gloria tiene la artesanía y la perfección de una gran cerveza alemana. Y así con todas las demás. Gimmicky bastard.

Esta semana también pueden cocinar en HojaSanta. Esta receta es genial: tostada de mariscos sobre chicharrón de puerco. Tiene toda la onda del mundo. Grasa, picante, frescura, acidez, humor y mordida. Es como una buena película de Tarantino. Y es una de las #BombasdeUmami, la columna en que Eduardo Nakatani explora algunas cocinas de Asia sin perder el ojo mexicano. (Eduardo dice que no se les ocurra usar chicharrón de harina. Ustedes no le digan a Eduardo de La Casa de los Chicharrones, que está en el centro, usa sólo chicharrón de harina y los copetea con cualquier delirio, incluidos camarones, y está llena siempre. Tal vez un día haya tantas Casas de los Chicharrones como Casas de Toño. ¯\_(ツ)_/¯)

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 Mientras: más recetas y más cine.~