Mi casa es para que quepamos todos

 

Qué trabajo cuesta salir de la cama en estos tiempos. Las notificaciones traen señales incontestables de que el péndulo del mundo sigue en su movimiento a la derecha. El lenguaje inflamatorio de la propaganda fascista quiere forzarnos a dudar de la realidad, de la ciencia, de la fuerza del intelecto; a creer que todo tiempo pasado fue mejor –un pasado puro, terrible adjetivo en casi cualquier circunstancia fuera del laboratorio–. Peor: quiere hacernos creer que el otro es nuestro enemigo. El otro es más pobre, más ignorante; es ladrón, lascivo. Es un invasor, una peste. (No pienso traer aquí ejemplos de tuiter México y facebook México de los migrantes de Haití, de Centroamérica, de Venezuela, pero ustedes se los podrán imaginar leyendo algunas de las cosas que dicen tuiter y facebook en EUA sobre los migrantes de México –y Haití y Centroamérica y etcétera.) El gobierno te levanta porque no eres de aquí. Y espera que el de junto aplauda esa decisión, siquiera porque al de junto no le tocó que lo levantaran.

Pero la cocina no es de aquí.

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La cocina no es de ningún lado, en realidad. (¿Cuántas veces lo hemos dicho? Quién sabe, pero no vamos a cansarnos de repetirlo.) Les tenemos, como novedad y por si acaso no estaban convencidxs ya, dos recetas que lo prueban. Piensen en el taco de báhn mì. Estos tacos son una vindicación de la comida viajera, de la comida que está hoy aquí y mañana aparece al otro lado de este mundo pequeño y frágil, cambiada ligeramente por nuevas manos, nuevos olfatos, nuevos animales y nuevos climas. Sin Francia y sus largas y ladronas manos no habría baguet en Vietnam, lo cual quiere decir que no habría bánh mì en Saigon y ese sándwich no habría llegado a Texas por la vía de Louisiana, donde trabajadores vietnamitas llevan décadas y décadas extrayendo los bayous en busca de langostinos, y en Texas no habría tortilla sin la historia de la conquista y así infinitamente para atrás, a lo largo de todos los viajes de todas las personas que han sido. Además, están rebuenos esos tacos.

O piensen en estos qatayef, que simbolizan un viaje terrible, una fuerza de voluntad inquebrantable y una suerte casi milagrosa. Salieron de Siria al principio de la guerra civil y se estacionaron en Estados Unidos con su cocinera, Mayada Anjari, hace casi seis años. Ahí seguirán, mientras Trump y sus secuaces lo permitan. Háganlos hoy para aliviar el ayuno.

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(Por cierto, en HojaSanta hemos cubierto a Trump, con angustia y repulsión alternadas, en varia ocasión: acá está Trump contra la alimentación infantil, acá hay un Trump comesible (wákala), acá intentamos responder la vieja pregunta ¿qué vas a comer hoy, Donald Trump? y acá encontrarán un pequeño atisbo de humanidad: Trump’s Burgers. Dense, si el estómago se lo permite.)

No todo es el peso del mundo sobre nosotros esta semana en HojaSanta. Tenemos, por ejemplo, un trago inventado por el poeta Leonard Cohen, aka MI PRESIDENTE: el red needle, pequeña gloria escarlata. Escuchen el coctel mientras se beben el Various Positions. Qué alivio. También es un alivio –pero guarro y divertido– la obra de Carleti López-Traviesa. Incluye perros, Oxxos, aguacates, Topo Chicos y al doctor Simi. Bella y fea cosa.

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No olviden esto: mi casa es para que quepamos todos. Todos.~