Un frasquito de historia

 

#Coautorías es la sección que dedicamos a hablar sobre los proyectos de nuestros patrocinadores. No hay de qué preocuparse: creemos en estos productos más allá de nuestra relación con los clientes.

Imagen por Arantxa Osnaya

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Es tan omnipresente que a veces se nos olvida, pero en un rincón de tu alacena hay un fragmento de historia. Es una botella de salsa que bien podría ser de perfume: pertenece a la ubicua salsa Tabasco.

Hace siglo y medio no existía la salsa Tabasco en el mundo. Deambulábamos por ahí, perdidos sin saber cómo inventaríamos el clamatoño o cómo levantaríamos el sabor de esa pizza futura. Era 1868 –en México, Benito Juárez se encontraba en la plenitud de sus poderes; en Estados Unidos, el impeachment alcanzaba al presidente Johnson– y Edmund McIlheny, de vuelta en su hogar en la Isla de Avery tras años de exilio en Texas, encuentra que sus tierras están cubiertas por plantas de chile en flor. Las semillas las había puesto él, casi incidentalmente, antes de huir de su hogar: se las había regalado un amigo que las trajo del estado mexicano de Tabasco.

McIlheny, en busca de un nuevo negocio, preparó una salsa con los chiles que ahora florecían en sus sembradíos. La receta consistía en tres ingredientes: chile, sal y vinagre. La sal provenía de la misma isla de Avery –a relativa poca distancia de los plantíos, la familia de McIlheny poseía minas de sal–, y el vinagre, de vino blanco francés. McIlheny embotelló su creación en botellas descartadas de perfume y así nació la identidad de una marca que perduraría por siglo y medio más.

Actualmente, la salsa Tabasco se elabora con los mejores chiles rojos –ajá: les dicen “chile Tabasco”, naturalmente–, que son recolectados, triturados, mezclados con sal y puestos a fermentar y envejecer en barriles de roble durante tres años; una vez pasado ese tiempo, a la mezcla se le añade vinagre de vino blanco francés, justo como McIlheny lo ideó, y se deja macerar durante treinta días más. El resultado se embotella en esos frasquitos que son ya universales y se distribuye por todo el mundo, justo para aterrizar ahí, en esa esquina de tu alacena, a donde probablemente te estés dirigiendo en estos momentos porque sí: es verano, hace calor y se antoja un clamato. Con Tabasco, por supuesto.~