Un taco de opinión

 
 
 

En el centro de las cocinas de México hay un taco. Improvisado o deliberado, este taco atrae hacia sí con su fuerza gravitacional otros alimentos mientras que mantiene en órbita lo que llamamos ‘cocina mexicana’. La cocina mexicana –esa vaguedad– es acaso el sistema del taco. La tortilla se infla como si cobrara vida, “como si quisiera volar, ascender”; como si Ehécatl –dios del viento– la insuflara. (Ése es el momento de retirarla del comalli; cuando ya tiene “sobre la carne de nuestra carne, de nuestro sustento, una otra epidermis”; eso lo escribió Novo.) La tortilla, dice otro autor, es el círculo que nos refleja. Si esto es cierto, entonces el taco somos nosotros: lo que está adentro de la tortilla, lo que se ve ahí.

 ¿Qué carajos es un taco? Si atendemos algunas respuestas que sucitó el estreno de la serie Taco Chronicles hace unos días –no la he visto, no me la vayan a spoilear– todavía no sabemos qué es un taco. (Vean ésta, por ejemplo. #FacePalm.) Un taco es parte de una constante universal: un alimento envuelto en otro, que normalmente estará hecho de masa. Un taco es una gyoza es un raviol es una samosa es un chochoyote es una shawarma es un tamal es una torta es un sándwich. What is the Mexican sangwitch?, se pregunta el poeta Trinidad Sánchez Jr. “Is it the patron saint of botanas, or a Mexican who can only speak English?” Y también: “Is it me inside of you, or you wrapped around me? Is it a güera dancing with two Mexicans, or two gringos putting the make on my sister?” El taco extiende su tortilla: nos envuelve a todos. Lean el poema aquí. Está en inglés, pero ¿qué es el inglés y qué es el español sino pedazos de un espejo que se rompió al principio y donde todos nos miramos fragmentados? Taco se dice taco en cualquier idioma.

 Casi todo es taqueable. El taco no es una forma de vida, como han dicho algunos hiperbólicamente, pero sí es una forma de pensar; un patrón que nos hace ver alimentos y relacionarlos con un índice de taqueabilidad. Vean por ejemplo estos hongos en salsa XO. Casi gritan que los metamos en un taco. Inténtenlo y verán. Si no les gustan, lo más fácil del mundo es no volver a hacerlo. Pero les van a gustar.

 (Más cosas que meter en una tortilla: sardinas, pollo rostizado con sumac, arroz con kimchi, tzic de venado, frijoles refritos o frijoles con veneno, salsa de huevo o huevos revueltos, panza, cachetes, un millón de yerbas y un montón de estrellas.)

El taco puede salvar. Hace mucho tiempo hubo un crítico. Estaba muerto por dentro; cansado de comer, de escribir, de reseñar restaurantes. Caminaba por el centro cuando vio unos chorizos verdes colgados en un puesto callejero. Pidió un taco. El taquero era ruidoso, vacilador. (Después sabría que el nombre del taquero es Ted Oliver.) Le pasó el taco en un plato azul. Entonces lo probó. Sintió cosas nuevas o cosas olvidadas hacía tanto tiempo que le parecieron nuevas. Al día siguiente publicó una reseña de Ricos Tacos Toluca. Lean aquí. (Este texto es parte de nuestra columna de tacos chilangos #PlanetTaco.)

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 Ahora: taqueros. Ted Oliver es uno de los grandes, sí, pero la ciudad está pobladísima de ellos. El taquero y por supuesto la taquera son figuras centrales de la ciudad. El taquero no es un tipo, no es una suma de dos o tres rasgos repetibles. El taquero es individual. El taquero es a veces maestro de su oficio, a veces un ser humano que quiere vender para sobrevivir en esta ciudad que no cede un centímetro. Hay un taquero trabajando en cualquiera de las 24 horas del día capitalino (en realidad, hay miles de ellos siempre: el taco no conoce reposo). Miren a los taqueros y las taqueras que Andrea Tejeda ha ido fotografiando con los años. La ciudad de México es la ciudad de los tacos; por tanto, la ciudad les pertenece a los taqueros.

Demasiada belleza. ¿Han oído esa locución? Así nomás, puesta a medio camino en un newsletter, no parece nada. Pero demasiada belleza es algo. Hay la historia del que amaba deslizar la mano sobre gemas heladas, ágatas, berilos; hay la de una mujer que caminaba de noche, candelabro en mano, por salones abarrotados de lienzos y marfiles. Otros recorren ciudades o barrios en busca de tacos. Piensan en Teresita. En las taqueras y los taqueros idos. Demasiada belleza.

(Acá hay más taqueros memorables de la vieja Tenochtilan. Y todavía más.) 

En fin. Paseen por nuestro sitio. Pueden leer sobre tacos o nomás antojarse viendo fotos de tacos. Es el amor, no el hambre, quien nos obliga a todo esto. Súmense a nuestras redes. Estamos donde están todos los tacos: twitter, facebook e instagram. ¿Conocen a alguien a quien le interesen los tacos? Forwardéenle este newsletter. (Si conocen a alguien a quien NO le interesen los tacos, por vida suya forwardéenle este newsletter.) También, si quieren, pueden borrarse de nuestra lista. Y si no quieren, entonces acá nos vemos el próximo lunes.

Y si no llegare al lunes, pido que la luz al final del túnel sea un taco.~