El mame es el mame (volver a la Roma)

 

¿Cómo están? ¿Dónde los agarró la derrota de Roma en los óscares? Fue como ver perder al Cruz Azul un año más en la final –quienes padecen esa afición comprenderán–, tras una temporada impecable y, para peor, verlos perder contra el pinche Santos. En la investigación de un ensayo sobre Roma para Letras Libres (querida revista con la que compartimos un montón de colaboradores, como Pablo Duarte, Isabel Zapata y Luis Reséndiz) me encontré –yo, Alonso, que hoy escribo este newsletter– un texto sobre la infancia y lo que comíamos en la colonia Roma Sur. Lo escribí hace catorce años (😭) pero decidí postearlo ahora en nuestro sitio porque el mame es el mame y no nos caerían mal unos cliccitos romanos. Léanlo, si quieren: tiene Gansitos, paletas Payaso, Brinquitos, Miguelitos, Nerds y otras cosas que nos lastimaban los dientes en los ochenta en esa colonia querida y rota de la ciudad de México. 

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(Más sobre cine y golosinas e infancia en HojaSanta: ‘Cómo el cine endulzó mi vida’ de Daniel Krauze.) 

También les traemos un texto que es como la colita de nuestro especial amoroso de hace un par de semanas. Su curioso título es Soy un mollete, y encuentra al autor, Pablo Mata Olay, recién salido de una separación, viviendo solo, las horas moviéndose con la lentitud de un saurio bajo el agua. A veces el silencio lo despierta a medianoche. Insomne, el tipo se va a un Sanborns 24 horas y pide unos molletes. En esas horas extrañas le ha llegado una certeza: un hombre solo es como un mollete solo: una vez completo, ahora partido en dos sin su otra mitad. Échenle una leída. La reflexión es válida, estén o no ustedes con la mitad que los complementa y crean o no en esas cosas del amor romántico. 

Para completar Soy un mollete le pedimos a la gente de los restaurantes Eno que nos pasaran su receta de molletes de tres quesos. La proporción de quesillo, queso manchego y queso de cabra es ganadora, como lo prueba el hecho de que estos molletes han estado en la carta de Eno desde el primer día hace bastante más que un lustro. (Todos los molletes necesitan unos buenos frijoles refritos y un todavía mejor pico de gallo. Para los primeros, vayan al final de este texto; para el segundo, hagan suya esta receta del gran Peter Meehan.)

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De nuevo, hace un par de semanas les presentamos el restaurante Alfonsina y a sus creadores, la señora Elvia y su hijo Jorge León. Gran lugar, queridos seres humanos. Esta semana les pedimos su receta de salsa de huevo –ojo: no “huevos con salsa” ni “huevos en salsa a la oaxaqueña”: SALSA DE HUEVO–, un platillo de austeridad republicana, sencillísimo y hermoso; un platillo que hay que comer cuando canta el gallo. Auditiva, no metafóricamente.

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Esta semana también tenemos novedades en dos columnas: #PiedradeCocina y #EsTiempode. Para la primera, Isabel Zapata nos trae ‘El pez’, un poema de Mary Oliver que nos recuerda el sacrificio de los animales que nos comemos, y cómo esos animales nos dan vida, no: viven en nosotros de alguna forma. Nosotros somos el pez que nos comemos. Ana Lorenzana, por su parte, propone uno de sus ensayos visuales a la vez poéticos y saltarines: es tiempo de fresas. La fresa es adictiva, sólo inyéctenla en mis venas. Strawberry fields forever

Paseen por nuestro sitio; siempre tenemos cosas buenas que leer o cocinar. Vean una peliculita o pónganse una playlist para comer pizzas. Cómprense una colección de HojaSanta en nuestra tienda. Si les dan ganas, súmense a nuestras redes. Estamos donde están todos: twitter, facebook e instagram. También, si quieren, pueden borrarse de esta lista aquí. Si no quieren, entonces por acá nos vemos el próximo lunes. A diferencia de la comida, el cine no se acaba.~

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