Nespresso Estambul: un cuento de dos ciudades

 

#Coautorías es la sección que dedicamos a hablar sobre los proyectos de nuestros patrocinadores. No hay de qué preocuparse: creemos en estos productos más allá de nuestra relación con los clientes

fotos: Ana Lorenzana

Los cafés de Estambul –o Constantinopla, como le decimos quienes la conocimos hace varias generaciones– son probablemente los primeros cafés que existieron en la tierra. Es previsible como los eclipses que ellos también estén poblados de fantasmas. Ciertamente, Alá sabe más.

Es conocido que cualquier ciudad es cuando menos dos ciudades: la natural, que es la que caminamos tú y yo y que, en el caso de Estambul, es la ciudad de los tres puentes y los ferrys y los taxis imposibles y las tienditas de especias tostadas esta mañana; y la ciudad sobrenatural, que es la ciudad por la cual flotan espíritus incapaces de irse a otro lado. Toda ciudad es el cuento de dos ciudades. A veces, por algún error incomprensible de ambos mundos, las dos ciudades se sobreponen en cafés. En Şark Kahvesi (kahve es ‘café’), en el gran bazaar, hay una lectora de café que cobra unas cuantas liras por su oráculo. Sus augurios no siempre son buenos, claro. Cuando lo son, toma sus monedas, da las gracias, teşekkür ederim, se levanta y se va; cuando los augurios son funestos no se atreve a dar las gracias: desaparece. Los meseros han aprendido a no decir nada cuando ven a sus comensales hablando o imprecando a alguien que no tienen enfrente. Alá es grande.

En la llamada Calle Nueva, cuya novedad consiste en haber sido fundada hace seiscientos años, hay un montón de cafés.

Del oriente al occidente,

por los nobles habitada,

se extiende la Calle Nueva

al rumbo sur de la plaza.

En algunos de esos lugares ha habido experiencias que, para varios crédulos, ameritan explicaciones sobrenaturales. Un café había cerrado al caer la noche. De pronto, un hombre de ojos tan negros como su piel tocó la puerta insistentemente. Quería pasar al baño. El mesero le dijo que habían cerrado pero que, si se tomaba un café, podía usar el servicio. El hombre asintió, ordenó el café y pasó al baño. Unos minutos después, ese mismo hombre (que no había salido del baño) tocó la puerta de la entrada; dijo que quería usar el baño. El mesero se sorprendió pero adjudicó a una distracción suya o a un ensueño la repetición. El hombre pidió un café y pasó al tocador. Esto, dicen, sucedió cuatro veces más antes de que el camarero decidiera dejar de abrir la puerta (la quinta vez), irse por la salida de atrás y nunca regresar. Alá le dé sus bendiciones.

Se diría que en los cafés de Estambul existen los fantasmas de lo habitual. Es curiosa la historia de la señora en silla de ruedas que aún golpea la mesa con un pequeño cetro y ordena su café a gritos en el café İsmail Ağa (la señora murió en 1973) o la del cliente que a este día insiste en pedir lo de siempre en Çekirdek, en el lado asiático de Estambul, a pesar de haber muerto en el famoso accidente del ferry de 1997. Alá los tenga en su pensamiento.

Hay fantasmas amorosos, como el de la novia en descomposición que espera aún a su futuro esposo en las mesas de atrás del café más antiguo de la Estambul de Europa. Hay fantasmas chocarreros, como el niño que pregunta si no está su mamá hoy en un viejo café a la orilla del Bósforo y que nomás se ríe y se va corriendo cuando le responden que no, que hoy tampoco está. (Madre e hijo murieron en el primer incendio de ese café, sucedido en 1876.) Hay fantasmas que conceden deseos, como el fantasma sin boca que aparece en un espejo del café Mehmet Efendi cada ciertos años pero cuya aparición dura unos segundos. Puede conceder deseos felices, como ganarse la lotería, o terribles, como que un enemigo muera de una enfermedad. (Hay quien dice que ese triunfo o esa enfermedad nada tienen que ver con la aparición del fantasma y todo con el azar, que es inextricable. Sólo Alá conoce las respuestas.)

Donde está Estambul estuvo Constantinopla y antes Bizancio. Estambul es la ciudad de las ciudades del pasado. La habitan personas como tú y yo, beben sus intensos cafés cada día, aromas de tostados y nueces y especias, y la habitan sus fantasmas, bebedores de café también como nosotros. Alá nos guarde a todos en el hueco de su santa mano.~