Hasta que valga la pena vivir

 

Mariana Ortiz fue a Chile a estudiar, a comer rico, a beber buenos vinos de los de allá. Santiago parecía un poco un oasis urbano, un remanso, un secreto seguro deleitoso o al menos una ciudad donde ya no pasaba nada. (Otro colaborador de HojaSanta, Michael Snyder, nos dijo alguna vez: “Santiago es la ciudad más aburrida de América.”) Y luego pasó lo que pasó y Santiago es, de calle, la ciudad más emocionante de América. Pero de calle. Es una lástima no estar allá tirando lo que haya que tirar y quemando lo que haya que quemar hasta que podamos empezar de nuevo. Si se tiene que empezar de cero pues se empieza de cero alv. Afortunadamente, Mariana nos envió una carta desde Chile que es una crónica de estos días llenos de futuro y de esperanza (y de miedo, que es el reverso de la esperanza) y de hambre y de pequeñas satisfacciones que se comen y de grandes satisfacciones que se gritan o se viven bajo la flagrante niebla diagonal de los gases lacrimógenos. Léanla. Y únanse a los gritos –pueden empezar por aquí–; váyanse a Santiago, al fin que lxs extranjerxs tienen prohibido unirse a manifestaciones políticas en Chile, así que si los agarran en una igual nos los deportan y pueden volverse a ir a Santiago y unirse a más manifestaciones hasta que caiga todo lo que tenga que caer. Cada milla es un voto contra la mierda. Y la mierda es el Estado allá también. Van.

(Un poeta escribió hace como doscientos años: “Bliss it was in that dawn to be alive But to be young was very heaven.” Hablaba de la revolución francesa. Hagan de cuenta que esa alba es ahora mismo y está sucediendo en Santiago.)

También trajimos un nuevo #QuiénNosAlimenta esta semana. Tiene algo melancólico el texto de Claudio Castro pero sus fotos no lo tienen: es una linda combinación. Hoy toca hablar de Juan y Maribel, y sus tacos de mariscos en el centro de la ciudad. Va así: “A las cinco de la tarde Juan y Maribel limpian, recogen, regresan a su departamento y se preparan para renovar sus insumos. ‘Cada vez nos cansamos más –dicen–. Regresamos a vender peluches para tener más ingresos. Pero el negocio va a seguir.’ ¿Sí? Todo se acaba y se acaba bien pronto. Yo soy de los que come tacos con el Patán y se llena de esperanza. Pero luego me acuerdo de las cosas que el gobierno les hace a quienes cocinan en la calle y se me quita.”

Algo habrá en el aire que nos inclina a un temperamento que ve esta tierra con emociones cruzadas. La sorpresa del mundo nunca se acaba, pero tampoco se acaba esta sensación de incompletud. La escritora Caroline Eden, autora de Black Sea: Dispatches and Recipes through Darkness and Light, tiene/padece ambas también. Su libro está en efecto como atravesado de oscuridad y luz, que aquí se complementan como motifs y como rasgos de carácter. Les trajimos tres recetas de Black Sea: una macarela curada con cítricos, una sopa de pescado como extraída de un club de banqueros de Estambul, unas albóndigas de Odesa que en todo recuerdan a las migraciones italianas a esa ciudad. Inténtenlas en casa, ya que todas las casas están a orillas del Mar Negro.

No termina ahí nuestro HojaSanta de la semana, claro. Tenemos un paseo triple sazonado con Tabasco: vamos a Chetito en la Roma, vamos al Jarocho de las Lomas, vamos al Salón Luz en el viejo centro de la ciudad. Conducen tres personajes a quienes vale la pena escuchar. También tenemos una película en dos partes. La primera se titula Milano, y es un thriller ubicado en una Italia más o menos fantasiosa, salvo por el hecho de que ahí, como en la Italia de la vida real, se bebe excelente café. Véanla, disfrútenla. Tiene crimen, un poco de erotismo, notas de cereales.

44a52857-9017-45b0-8a82-1b0474f3c8fa.png

Paseen por HojaSanta. Preparen alguna entre nuestros varios cientos de recetas. Si les dan ganas, súmense a nuestras redes. Estamos donde están ustedes: twitter, facebook e instagram. También, si quieren, pueden borrarse de nuestra lista. Si no quieren, entonces acá nos vemos el próximo lunes.

Voy a traer ramen.~




 
Arantxa Osnaya