#EspeciasMenores: Tres propósitos irrealizables

 

texto e ilustración: Pablo Duarte

Para cuando lea esto habré fallado y probablemente usted también. Habremos quebrado una promesa o varias de ellas. Algunas de las que pronunciamos en conjunto mientras nos atascábamos la boca de uvas verdes (¿hay alguna diferencia taumatúrgica entre utilizar uvas verdes o rojas?) en la cena de fin de año, u otras más privadas. Para cuando lea usted esto, el pliego de promesas –el mío y el suyo– estará lleno de enmiendas y notas al pie justificando incumplimientos o matizando compromisos. Cosa común, aferrarse al comenzar el calendario y la inevitable decepción días después. De este ciclo no escapamos y quizá no lo hacemos porque se trata justamente de la revolución secreta que nos anima. Un silogismo equívoco pero útil: lo que el motor de combustión interna es al automóvil, el incumplimiento de promesas contraídas es al humano.

01062019_especiasmenores-propositos.jpg

En honor al secreto combustible de la persona y en cumplimiento con las recomendaciones de la autoayuda más reputada, ofrezco para escrutinio y teneduría del público tres propósitos. (Eso dicen los caciques de la mejora personal: haz público el compromiso así te acercas al objetivo, si no por gusto, por evitar la humillación.) La tercia de convenios, claro está, rondan al sentido del gusto y sus consecuencias.

Esta costumbre de prometer lo irrealizable me parece semejante a la ciencia ficción: una representación que dice mucho más del presente que del futuro. Quizá pretendamos con esas restricciones de conducta la destilación de nuestras aspiraciones y el aspirado de todas las inseguridades. Sin embargo ese imaginario modelo para armar no es predicción de nada, salvo quizá de su incumplimiento. Lo que sí hay es, obvio, un diálogo estrecho con esta cáscara adiposa y displicente que prefiere ver un capítulo más de la serie de nombre nórdico antes que alzarse para hacer abdominales o aprender francés. O finalmente arreglar el horno de la cocina del departamento. O comer los discretos ingredientes que desde siempre ha rehuido. O invitar a cenar gente. El listado es fantasía y es testimonio.

Pero esto ya es sabido por ustedes. Y eso me lleva a mi primer propósito: evitar las obviedades. Traducido al lenguaje de la alacena quiere decir dejar de ser medroso con los ingredientes que consumo. Por suerte y privilegio he pasado cerquita del queso brie y el camembert y les he negado el saludo; me aferro a las papas adobadas y al manchego barato y huyo de la brusca terrosidad del betabel o la vaga invasión aromática de las coles de bruselas. Sé que esta inquietud no es exclusiva: somos un retrato en negativo construido a partir lo que no comemos. Y por lo general el personaje por el que nos conocen ya está fijo y cuesta moverle algo mayor. ¿Podré quitarle lo rudimentario al paladar? Tengo una lista de los elementos que he ignorado, por consentido, desde chico, por berrinchudo que solo come las cinco cosas que le gustan. Pregúntenme en tres meses.

El segundo es no aislarme. Que quiere decir, para el propósito de este texto, amigarme con compartir la comida con mis conocidos. La fantasía del porvenir en que organizo una cena para los que caben en la mesa y les ofrezco algún platillo al que le he logrado arrancar sazón. Por el gusto de recibir a los conocidos y por unas monedas a desconocidos este propósito lleva meses dando vueltas y este año, no importa cuántos reembolsos por indigestión o cuantos silencios incómodos de sobremesa me cueste, imagino que lo cumplo. El propósito añonuevino es más diálogo con hoy que predicción de destino. Por medroso y por inconstante me reconozco incapaz para emprender. Y quizá este propósito se dirija a esa carencia.

El tercero es medirme en la procrastinación, que dicho en términos de cocina quiere decir: por fin arreglar el horno del departamento.

Hay muchos propósitos más pero tienen poco que ver con la sartén y las hornillas. Revelan mucho de mí, esta cáscara adiposa y displicente que imagino en doce meses convertida en una versión aerodinámica y segura: irrealizable.~


#EspeciasMenores es la columna de bellas pequeñeces del escritor Pablo Duarte en HojaSanta. Síganla acá.