La música del mundo

 

Cocinar sin música es como cocinar sin sal. Comer sin música es como comer en el purgatorio una comida insípida y sin sentido más allá de llenarnos y llevarnos a la siguiente comida insensata e insípida. Vivir sin música es como no estar vivo, como avanzar cuales fantasmas, arrastrando las cadenas de nuestro propio silencio, incapaces de tocar o de sentir o de amar o de odiar. La música es el bien, y es la primera de las artes. (Si la música es el bien, quitar la música es una señal de la maldad.) Piénsenlo: si un arte sucede en el tiempo, tiende a música. El teatro tiene un ritmo, el ritmo de la entrada y la salida de los actores, del alza o la caída del telón, de las voces repetidas; el cine tiene un ritmo: el ritmo de los cortes, del movimiento de los humanos o los animales o los vehículos en el cuadro, de los diálogos; la prosa tiene un ritmo, un vaivén, una percusión; la poesía tiene un ritmo también: el ritmo de los acentos en el verso, la pausa de los silencios, la largueza de las vocales. (La canción más bonita que se ha escrito en español es de Góngora, el poeta: ‘Vuelas, oh tortolilla’, se titula.) También hay una sinestesia musical en la pintura, una música de ir y venir de lápices o plumas o pinceles, y en la arquitectura, en su sucesión de pilares y escalones y ventanas, y en la jardinería, en las curvaturas y frecuencias de sus paisajes. La cocina sucede en el tiempo: es música. Al final o al principio de todo está esto: la música es matemáticas, y las matemáticas explican el mundo.

Esta semana no vamos a quitarnos los audífonos. Hay #playlists para todos en HojaSanta. Inevitablemente, tenemos la playlist que Ryuchi Sakamoto hizo para el restaurante Kajitsu en Nueva York, y que ha causado cierto revuelo. El maestro se hartó de la música que ponían en su restaurante favorito y se puso a curarles la lista de canciones. Qué tipo tan pesado, qué tipo tan genial. Escúchenla; es fantástica. Tenemos también una playlist triple que fabricamos para el segundo aniversario de Tizne Tacomotora, taquería imperdible entre las (relativamente) nuevas. Tenemos una playlist contra el lugar común que reduce la música portuguesa a las melancolías del fado. Acá hay jazz, exploraciones subterráneas, extrañas; popcito belieber, melosidades, cachondeces. Dense. En la nueva #FondaTránsito hay una albondigota de domingo –día de guardar, beber y comer– y una playlist también dominical. Incluye algo de butthole surfing, por si ocupan. Rulo, conductor, dj y maestro selector, nos hizo una playlist para cocinar porque lo dicho: cocinar sin música es como cocinar sin sal.

También Rulo publicó hace poco, en una columna para máspormás, algunas ideas sobre la música de los restaurantes, fuente inagotable de controversias, quejas y iphones shazameando hacia las bocinas. Glosamos esas ideas aquí. Échenle una leída. Y déjense pasear por esta selección de playlists de restaurantes. Hay de varios tipos, mexicanos y extranjeros, intensos y relajados, apocalípticos e integrados. (Guarden el link. Vamos a agregarle listas esta semana.)

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Hablando de restaurantes, acá tres cuyas playlists nunca fallan: Lardo, Fratello y Hiyoko. Casi se podría hacer una porra con sus nombres: “Lardo, Fratello y Hiyoko! Lardo, Fratello y Hiyoko!…” Inténtenlo: más música. Y bueno, escuchen otras listas que ya estaban en nuestro sitio. Por ejemplo, una para el lunes, una para el domingo de pizzas, una de Tony Bourdain, una para decirnos adiós. Sígannos en redes, si gustan. Estamos en twitter, facebook e instagram. Circulen este mail, si creen que alguien más debería leerlo. Cocinen, si tienen tiempo. Lean más, si ésa es su inclinación. 

Ustedes nomás no se quiten los audífonos.~