Mis ídolos están muertos

 

Hace algunas semanas murió el crítico Jonathan Gold, y acá en la oficina fue como quedarnos en otra orfandad. Gold fue un crítico con el cerebro dispuesto a todo. Conoció Los Ángeles como nadie –no es hipérbole–; fue el crítico del localito, del changarro, del puesto de tacos o mariscos cuando el resto de los críticos se negaban (y todavía se niegan) a detenerse en esos espacios. Fue un crítico de una humildad brutal, como todo ser humano que intuye o alcanza a ver la extraña, la curiosa belleza de los trabajos de la mente humana. Entonces pensamos que haríamos bien en pensar el lugar de la crítica gastronómica –su labor– en este verano tardío y lluvioso.

En la más reciente entrega de #UnaOrdenconTodo Luis Reséndiz imagina una crítica gastronómica casi ideal. Una que trate de entender un plato, más allá de considerarlo ‘bueno’ o ‘malo’. “Entender un plato –dice Luis– implica, también, entender lo que está alrededor de ese plato, que no está sino dentro de él en una forma no literal: sus ramificaciones, sin ir más lejos. Las cosas que están antes de él –por qué este restaurante o este changarro está en esta zona y a quiénes alimenta, sin ir más lejos– y las cosas que están en medio de él –por qué estoy comiendo esto con este ingrediente y no con este otro, por decir algo– e incluso las cosas que están después de él –a dónde irá este changarro o este restaurante, qué rumbos podría tomar su cocina, por ejemplo.” El trabajo es arduo pero no imposible.

El chef Aquiles Chávez publicó hace poco un ranteo anti-foodies. Prácticamente todo lo que dice está mal pensado, o no pensado en absoluto. Acá, tratamos de desmontar la idea de que el problema son los foodies en un texto o glosa del de Aquiles. Tal vez contribuyamos a enriquecer ese debate. Pueden leer esa refutación, y algunas notas sueltas sobre el crítico, en este texto: Mis ídolos están muertos y mis enemigos han tomado el poder.

Por su parte, Javier Elizondo le dedica una receta a un crítico que conoció hace poco. Este crítico se encuentra preso en el penal de Acapulco, así que a nadie podría o debería sorprenderle que la respuesta a su crítica (bien titulada ‘La venganza de los come rancho’) haya sido una madriza terrible que lo dejó en el hospital, casi muerto. Por ¿suerte?, cuando salió del hospital escribió otro texto. (Que también lo mandó al hospital. No hay respiro.) Recuerden seguir la columna semanal de Javier acá: #FondaTránsito.

Por supuesto, la prosa no es la única manera –ni de lejos– de ejercer la crítica. Piensen en este texto de José Watanabe: ‘Restaurante vegetariano’, y de cómo una comida de plantas desata una bengala de asociaciones en el poeta.

También para honrar a Jonathan Gold, máximo crítico angelino, les traemos un mapa: Los Ángeles plays itself, de la mano de Daniel Krauze, a quien seguramente conocen ya por una cosita que escribió hace poco y que resultó en un fenómeno. (Esa cosita se llama Luis Miguel: La serie.) Paseen por nuestro sitio. Hay otros ensayos sobre crítica y sobre Los Ángeles, claro. Únanse a nuestras redes: estamos en facebook, twitter e instagram. Forwardéenle este newsletter a alguien que pueda interesarle. También pueden ponernos en pausa picándole acá. Nosotros volveremos con más ojo crítico la próxima semana.

Y traeremos lecciones del restaurante ficticio.