Una hamburguesa para Robuchon

 

Digamos que si conociste a Joël Robuchon se vale presumirlo. Robuchon, como ustedes saben, murió la semana pasada. Ya habrán leído que el caballero fue uno de los cocineros más importantes de todos los tiempos –algunos, no sin hipérbole, lo llamaban el Chef del Siglo–. Revolucionó la cocina francesa, la puso al día, la trajo a la modernidad. También: cuando se dio cuenta de que eran tiempos de nuevos cambios, reconoció el valor de las nuevas cocinas de España y le pasó el cetro de Mejor Cocinero del Mundo a Ferran Adrià, y se retiró en 1995, a los cincuenta años. El mundo volvió a girar, y Robuchon regresó años después a las grandes cocinas con l’Atelier, una versión novísima del bar de tapas, con cocina abierta. Nunca perdió el pulso de lo que estaba sucediendo en las cocinas más avanzadas del planeta. En HojaSanta tenemos la suerte de que Yuls Suárez, nuestra especialista en emparedados, trabajó bajo las órdenes de Robuchon en dos restaurantes de Las Vegas: l’Atelier y Joël. Y en la nueva entrega de su columna #Entre2Panes Yuls nos trajo una hamburguesa que le robó (en buena lid) al maestro. “Es la mejor hamburguesa que me he comido en mi vida”, dice ella. Así que puede ser la mejor que se coman ustedes también. Háganla, envíen sus respetos, y ni modo: a otra cosa.

Por ejemplo, a dos recetas rescatadas por Javier Elizondo de entre sus escombros personales. Es curioso que el tiempo y los vaivenes de los cambios perdonan aleatoriamente algunas cosas y otras no. La abuela de Javier publicaba a mediados del siglo pasado una columna de recetas en un periódico sonorense. Lo hacía bajo pseudónimo: el de un tal Mariano Dueñas F., vayan ustedes a saber por qué. Pues bien, varias de esas columnas fueron recortadas y pegadas en una libreta universitaria, preciosa, de la época. Pasen a leer la de sopa de cebolla; es una invitación a cuidar del gasto familiar. Emoji de ojitos de corazón. La otra receta que nos llega desde lejos en el pasado esta semana es de sopa de bolitas de masa. Viene en un libro que los padres de familia de un kínder decidieron publicar a mano en los años ochenta. De esta receta sólo se sabe una cosa: que la compartió “la mamá de Brenda Marín Gómez”, a quien va un saludo desde este día en el futuro hasta donde quiera que se encuentre, en este mundo o en algún otro.

¿Qué más? Ya entrados en esos míticos chefs “más grandes del mundo”, escuchen la playlist que Massimo Bottura –a quien seguro conocen por su restaurante Osteria Francescana– eligió para HojaSanta hace algún tiempo. Es una serie de canciones para sentarse a invocar la relajación mientras se toman un trago. Trae a Bob Dylan, a Thelonious, a Miles, a Iron & Wine… Es una playlist como la de todo verdadero melómano: sin prejuicios. Disfrútenla con esa misma libertad ustedes también.

Y paseen por el resto de nuestro sitio. Siempre hay buenas cosas para cocinar, leer, ver, escuchar. Sígannos, si no lo han hecho ya, en nuestras redes. Estamos en las de ley: facebook, twitter e instagram. Ahí nos tomamos cualquier comentario con buena cara. Si recibieron por error este newsletter o nomás ya estuvo: vayan acá. Nosotros vamos a estar aquí el próximo lunes.

Por lo pronto, tenemos que comernos un pollito.