Un café contra el calor

 

fotografía por Felipe Luna

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Julio, año 2018. Nos dijeron que aquel era el verano del amor y nosotros fuimos y nos lo creímos. Comíamos ostiones directo de la concha, claro, sin nada, así nomás, ellos mismos su propia sal y su propia salsa. Rompíamos el pescado a la talla con las manos, ¿quién quiere cubiertos?, yo no gracias, y así nos lo llevábamos a la boca, ¿quién quiere servilleta?, yo no gracias, para qué si podemos chuparnos los dedos, ya después o mañana o nunca nos lavamos las manos, al fin que ahí está el mar a dos pasitos. (Ahora que lo dicen, es posible que el mar fuera imaginario y nosotros estuviéramos en el mero centro de concreto de la capital, pero ese pequeño detalle no le quitaba nada de realidad al mar. El mar tiene ese poder.) Mezclábamos el vino con hielos y agua mineral o con limón y sal. Le echábamos camarones a la cerveza y salsa de soya y chile y más limón y más sal sólo para vernos hacer caras y emborracharnos poco a poco.

Luego llegaban los cafés.

A uno de ellos lo llamaban shakerato. Ponían un sobrecito de azúcar en un vaso con tapa o en una de esas cocteleras; le agregaban 40 mililitros de café (el café se llamaba Ispirazione Shakerato, y estaba pensado justo para ese coctel, era un café intenso, con aromas de cacao y notas tostadas de larga duración) y tres cubos de hielo. Lo agitaban hasta que se inflaba de aire y se le hacía una espuma deliciosa. Lo bebíamos y el sol se negaba a ponerse como ahora mismo se niega a ponerse en el recuerdo.

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Al otro le decían caffè alla salentina. Lo hacían con una capsulita de Ispirazione Salentina de 25 mililitros, un café intenso pero suave y redondo de textura suave, con aromas de nuez y notas tostadas. Venía de Salento, en Puglia, y era indulgente como nosotros. Iba así aquel café: primero ponían dos cubos de hielo perfectamente cuadrados en un vaso; después, 30 mililitros de leche de almendras (algunos lo pedían con leche de vaca, pero había un aroma irrepetible en la de almendras); después, lentamente, 5 mililitros de jarabe de caña de azúcar, casi nada, pues, pero una perfecta nota dulce; y al final, 25 mililitros del café. Nosotros no podíamos esperar a que nos sirvieran.

Luego se acabó ese verano, que como todos los veranos fue de edición limitada. Pero a ver quién nos quita lo bailado.~