Notas breves sobre ‘pizza’

 

por Alonso Ruvalcaba

Todavía nadie ha encontrado un registro de la palabra pizza anterior a un texto latino del año 997 que decreta: el arrendatario de cierta propiedad deberá dar al arzobispo de Gaeta (puertito entre Nápoles y Roma) duodecim pizze, ‘doce pizzas’, en navidad y otras doce en domingo de Pascua. El filólogo Renato de Falco tiene una teoría bastante sobria. Dice que debemos buscar el étimo de pizza en el latín vulgar pinsiare, ‘machacar, moler’, del que deriva pistor: ‘molinero’ pero también ‘panadero’ (el verbo dio el español ‘pisar’; también, al parecer, el pesto es parte de la familia). Giacomelli, por su parte, propone el griego pitta: hogaza, que en griego moderno (según el Robert Historique: a mí no me pregunten) tiene las formas pitta y pêtta, que en México son bastante jóvenes –aún más, creo, que pizza–: ‘pan plano y hueco’. También su origen es incierto, pero alguien le ha hallado fraternidad con el griego peptos: ‘cocido’, de pessein: ‘cocer, digerir’ (hermanitos de esta palabra son la dispepsia: ‘enfermedad caracterizada por la digestión laboriosa e imperfecta’, el rosado Pepto-Bismol y la Pepsi, que dizque servía como ayudante para la digestión); alguien más lo ha comparado con el hebreo pittah, de idéntico significado. Ni el plankuntos griego, aquel pan plano y redondo que, dicen, se cubría de ingredientes diversos; ni la pissaladière de Niza, ‘tarta de cebolla con anchoas y aceitunas negras’ son palabras parientes de la pizza, según gente que sabe de estas cosas. (La pissaladière toma su nombre del nizardo pissala: ‘conserva de pescados triturados y salados’.)

 foto: avlxyz / flickr

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En estas cosas no hay nada demasiado jalado de los pelos. Giovanna Princi-Braccini propone un étimo mucho más lindo para ‘pizza’. Dice que su verdadero padre –el que se fue un día por cigarros– está en una palabra gótica relacionada con el alto alemán antiguo bizzo o pizzo. Los longobardos –otra palabra hermosa, que acaso quiere decir ‘los de larga barba’ (Gibbon escribió en 1782, Decline and fall of the Roman Empire, xlv: “Their heads were shaven behind, but the shaggy locks hung over their eyes and mouth, and a long beard represented the name and character of the nation”)–, pueblo de origen germánico, dominaron parte de Italia durante algunos siglos. Dejaron en el idioma muchísimos rastros: topónimos (Valperga en Turín), nombres de persona (Alberto para no ir nada lejos)... Bizzo o pizzo significan ‘bocado’; son parientes el inglés to bite, alemán beissen, holandés bijten: ‘morder’.

Las conexiones dan para mucho. Además de una mordida, a bite, en inglés, puede significar simplemente ‘algo de comer’ (por ejemplo, en Let’s go grab a bite: ‘vamos a comer algo’); Imbiss es un bocadillo en alemán, un jocho por ejemplo. No es extraño que pizzo haya pasado de ‘aquello que cabe en una mordida’, un ‘bocado’, a ‘trozo de pan (que cabe en la boca)’. Con el salto de las generaciones ese trozo de pan supo agrandarse y redondearse, cubrirse de jitomates y mozzarella…

Los parientes de bizzo han seguido un camino curioso. Ese ‘bocado’ ha pasado a ser también ‘cachito físico o cronológico’. Ahí está la inglesa bit (Wait a bit! = ¡espérame tantito!); ahí está el alemán Bisschen: ‘poco’. Es lindo que en portugués ‘poquito’ puede decirse también bocadinho. En algunas zonas de España un bocata es casi lo contrario de ‘un poco’: es una torta que puede medir unos 25cm de largo. Que todas estas palabras estén familiarizadas con el pizzo italiano, ‘pico, punta’, parecería natural. (Mark Morton, en su Dictionary of culinary curiosities, no menciona el texto de 997; dice que pizza viene de “una palabra en italiano antiguo” –¿cuál palabra? ni idea; ¿cuál dialecto? ni idea– que significaba ‘punta aguda’; y que la conexión radica en que las pizzas suelen hacerse con salsas picantes… Leyenda urbana, claro.)

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Muchos autores mencionan un pasaje del libro VII de la Eneida como la primera aparición de algo similar a una “pizza” en literatura; está a la altura de los versos 124-125 (cum te, nate, fames ignota ad litora uectum / accisis coget dapibus consumere mensas), que Dryden tradujo: Their homely fare dispatch’d, the hungry band / Invade their trenchers next, and soon devour, / To mend the scanty meal, their cakes of flour. / Ascanius this observ’d, and smiling said: / “See, we devour the plates on which we fed.” En español el padre Pólit la llevó a estos versos:

…La comida
estaba ya dispuesta: entre la hierba
tenían colocados los manjares
sobre tortas de harina, que servían
como sostén a las silvestres frutas
(certera inspiración del mismo Júpiter).

Otros más hablan de Catón el Viejo como precursor de la escritura pizzera. Yo no sé, claro. Pero me emociona la vez que el New York Times le explicó la pizza a sus lectores, septiembre 20, 1944:

06032018_nota-sobre pizzas nytimes.jpg

Y también me conmueve el cameo de la pizza en este soneto de Ramón Paz, donde es un pequeño símbolo de la tranquilidad que puede acaecer al final del amor, de las peleas, de las chaquetas interruptas:

a Rolo la mujer lo sorprendió
pajeándose con gafas de 3D
sentadito mirando la tv
y a las tres menos cuarto lo dejó
yo no quiero vivir con un pajero
le dijo y se rajó y ahí quedó Rolo
medio triste o alegre medio solo
continuando su asunto con esmero
por fin la casa toda para mí
sin el feminodonte dando vueltas
por fin mirar las guáchidas esbeltas
posando en el canal fashion tiví
mi amigo todo el día haciendo nada
pidiéndose una pizza una empanada,

y me gustan estas afinidades casi secretas, y las transcribo para tender un puente de tinta entre los longobardos, Nápoles, la ciudad de México y esta tarde en que yo también estoy un poco triste, un poco alegre y un poco solo.~


Una versión de este texto apareció en La Jornada.