Un recorrido tequilero musical

 

fotos por: Ana Lorenzana

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Al principio del final de la tercera temporada de Billions –¿la siguen?; ha pasado un poco inadvertida pero si les interesa la comida, y estamos seguros de que les interesa, no se la pierdan– hay una escena más o menos escandalosa, más o menos guarra, como muchas en esa serie, en que la banda The Hold Steady canta en vivo ‘Entitlement crew’. Es una celebración de la venta de varios miles de millones de dólares por parte de uno de los protagonistas. Después de presentarlos a grito pelado (“Con ustedes, The Hooooold Steeeeaaaadyyyyyy!!!”), la banda se arranca con estos versos:

Tequila takeoff, Tecate landing
Sorry about the centerpiece
Thanks for understanding!

La sola idea de despegar con tequila y aterrizar con chelas ya implica una buena fiesta, y el centro de mesa roto o robado acentúa la sensación de haber perdido la cabeza. Qué bien. Además, esa canción y esa escena nos hicieron pensar en un pequeño recorrido tequilero musical.

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Evidentemente, es fácil empezar con canciones de clásicos mexicanos. Es, de hecho, inevitable mencionar a José Alfredo, a quien uno se imagina (gracias a la iconografía que él siempre propició) sostenido del mástil irrompible de una botella de tequila. “Se me doblan las piernas de sueño –dice en ‘El cantinero’– dame pues otra mugre botella”. A cualquier mente le costaría imaginar una botella de otra cosa que no sea un tequila. Hay un montón de menciones tequileras en José Alfredo, pero acaso la más notable está en ‘Besos de tequila’. Aquí el licor alcanza toda su connotación erótica e introspectiva, pero también de fiesta y de fin de fiesta. Ahí están estos versos:

Ya que se haga de noche el mismo día,
veme abriendo los brazos
y volvemos las penas alegrías.
No hay un beso más lindo, todavía,
Con sabor a tequila, a la luz de la luna;
Hay que darse ese beso, vida mía.

La sintaxis está contracturada: el mensaje, no. Hay días que, gracias a la influencia del tequila, duran varias noches (y viceversa); hay besos nocturnos cuyo sabor a tequila los hace mejores que todos los otros besos. La sensación final es de urgencia: hay que darnos esos besos antes de que amanezca ahora sí en serio o de que se acabe el tequila. También hay menciones tequileras en Luis Aguilar, en Pepe Aguilar y los otros. En ‘Acá entre nos’ Vicente Fernández presume, entre amigos, “que en el amor ninguna pena me aniquila”, que se encontró “con otro amor / y que en sus brazos fui dejando de quererte”. Pero, acá entre nos, o sea hablando ya directamente con la amada/perdida, confiesa:

quiero que sepas la verdad:
no te he dejado de adorar, allá en mi triste soledad
me han dado ganas de gritar, salir corriendo
y preguntar qué es lo que ha sido de tu vida…

¿Y qué fue lo que le permitió, a quien sea que nos habla desde la voz de Vicente, haber cometido la secreta traición de anunciar que ninguna pena lo aniquila?

Por presumir, a mis amigos les conté
que en el amor ninguna pena me aniquila,
que pa probarles, de tus besos me olvidé
y me bastaron unos tragos de tequila.

El tequila es el motor del hablador y del infiel (así sea en la imaginación). Gracias al tequila el poeta agarra fuerzas para mentirles a los amigos, pero también para darse unos besos con alguien más (lo cual también implica una mentira). El tequila es el motor pero también, crucialmente, el combustible. Piensen en ‘Historia de taxi’ de Ricardo Arjona. La tramita es conocida: un taxista está en un mal momento, económico y tal vez amoroso; en una esquina de Reforma una mujer le hace la parada; la mujer viene llorando. Por alguna razón, el taxista y ella conversan, fuman mota, se revelan algunos secretos (a ella un tipo le pone el cuerno, a él la vida le impide la convivencia con su pareja). La mujer le da indicaciones para llegar a su casa. Entonces suceden los dos versos clave de ese curioso poema:

Después de un par de tequilas
veremos qué es lo que pasa

El tequila es el combustible del motor, al menos en este caso. Dos tequilas y decidimos qué hacer. Sin tequila el motor no se echa andar.

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El tequila es el motor y el combustible, también el refresco que sacia una sed: la sed de olvido. El que habla en ‘Juré no tomar’ de Los Caminantes recuerda que estaba en una cantina. “No estaba tomando –dice–, sólo me divertía.” Pero ¿saben ustedes cómo los recuerdos nos llegan sin que nosotros los llamemos, cómo de pronto están ahí y ya no sabemos qué hacer con ellos? Pues así este pobre ser humano:

Cuando de repente
cruzó por mi mente
aquel día maldito
cuando te perdí

Es inevitable: enfrentada con el peor de los recuerdos, la mente divaga hacia el alivio, uno de los poquitos que hay. “Quise emborracharme / con puro tequila –dice el cantante, y rompe el embrujo así–: pero había jurado / no volver a tomar.” El tequila es el consuelo, el bálsamo, pero también –y eso lo sabe quien ha jurado “no volver a tomar”– el tequila es el principio de la espiral que desciende hasta el fondo de uno mismo.~

www.tequilarevolucion.com

 
Laura Manzano