Añejos Revolución

 

Ilustraciones: Arantxa Osnaya

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Hay esta idea: que los tequilas añejos son otoñales, señoriales, maduros as in para gente madura. Que son para beberse solos, pensativamente, frente a una chimenea de ser posible. Que son tequilas para ser degustados más que para ser bebidos. Que son grandes tequilas para la reflexión.

Nosotros decimos: no necesariamente. Los añejos también son festivos, desmadrosos, hablan en voz alta pero  con acento compa, con los amplios brazos abiertos en una enorme bienvenida. Una bienvenida que exclama: Únanse a la fiesta. (Por supuesto, si resulta que ustedes tienen una chimenea en el depa pues adelante: pónganse una frazada sobre las piernas y dense su añejito.) Los añejos son para fiestear, sí, pero también para comer sabroso, con ganitas.

Hagan de cuenta que quieren celebrar y comer cochinita, tal vez el plato más celebratorio que hay. (Recuerden: cochinita siempre.) ¿A quién invitan a la fiesta? Nuestra propuesta es Revolución Añejo, un tequila robusto y complejo pero con un delicioso final suave; sí, ha pasado dieciocho meses en barricas pero eso no lo hace todo serio y pesado. Su color es ambarino con destellos plateados, y hay algo en él acaramelado, con notas de tabaco, mantequilla y cuero, algunos vestigios vegetales y de té verde. Todos esos rasgos como que se empalman con una cochinita, con su achiote y su acidez, con su grasa y su cuerpo. Pónganle limón a su taco de cochinita, a la chilanga, para reventar lo ácido hasta el cielo.

O hagan de cuenta que se van a echar unos quesitos. ¿Qué tienen en el plato? ¿Un cabra, un manchego semi, uno durito y maduro tipo parmesano o pecorino? Es como el principio de la fiesta, el precopeo. Es como avisar que esta noche puede durar varios días. Si abren un Extra Añejo Cristalino de Revolución, que ha sido madurado 36 meses en barricas de roble americano, es nomás hacerle honor a sus quesos, darle al tiempo lo que el tiempo pide. ¿Cierto? Tiene unas notitas muy sutiles de vainilla y tostados, de frutas tropicales y almendras. Si la suerte les sonríe, pidan esos quesos y este tequila en una barra, de pie, mientras mueven las suelas a 120bpms. El pan campesino de masa madre es opcional; las galletas Ritz también.

Pero, hey, también tenemos que cerrar las cenas y las fiestas. Tenemos que decirnos adiós de vez en cuando. (Mañana debo ir a trabajar y ustedes no pueden quedarse a dormir aquí todos los días.) ¿Cómo le hacemos? Dos propuestas: una última copichuela de Extra Añejo Roble Americano o una última de Extra Añejo Roble Francés, ambos de Revolución. El primero lleva tres años en barrica y se abre en la nariz con notas de frutos secos y especias (¿canela?, ¿clavo?, ustedes dirán); el segundo ya pasó 48 meses de añejamiento, y sus notas florales y de yerbas acompañan el bajoncito final.

Ya váyanse a su casa. ¿Quieren que les pida un uber?

 

www.tequilarevolucion.com