Viajes para adentro

 

Qué riqueza.

No tenemos un clavo, pero el mundo simplemente no se acaba. Se le acerca uno a las cosas: digamos que le acerca uno la mirada a cada cosa, y como que cada cosa tiene otras cosas adentro, como que se divide y se divide, fractalmente. Como que toca uno una cosita y es un montón de cosas más. Como que todo el tiempo estamos de viaje. A veces literal, a veces metafóricamente. Estamos de viaje hacia otro lado: en el metro, en el coche, en el avión; o hacia el pasado; o para adentro de la mente. ¿Ya saben cómo? (Cuesta trabajo redactarlo, cuesta trabajo la claridad en estos casos.)

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Esta semana queremos hablar de viajes en HojaSanta. Qué riqueza. La otra vez, por ejemplo, una amiga se comió unos tacos a Australia. Lean su crónica. Ella tiene la ventaja de ser australiana, entonces puede cachar la peculiaridad de todo el asunto. En la India, que es un continente, cabe todo. Lo cual quiere decir que caben decenas de religiones, de formas de pensar, de recibir y percibir al mundo. Verdades obvias, tal vez. Lo que no es obvio es que la religión sikh tiene una hospitalidad muy singular, única. Recíbanla –brazos abiertos– aquí. Les traemos también (ya se lo habían imaginado) un viaje en el tiempo. Este, que va para atrás en la gran capital, la ciudad de México, y sus pueblitos laterales, como San Ángel, al que hay que llegar en tranvía, o Xochimilco, al que tomaba medio día llegar por varios medios. Agarren la calzada, pasen los ríos, trepen al tranvía, luego a un coche jalado por caballos, luego a un borrico, y estarán por allá. Qué mañana más bonita. Vámonos a pasear hasta hace un siglo.

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La comida nos hace viajar. Eso es cada vez más obvio. En nuestro sitio tenemos una sección dedicada a esa idea. Tenemos un paseo taquero en Los Ángeles, uno pastelero en París y varios más. Pero esperen: la era de las exploraciones, hace cinco siglos, también estaba motivada por la comida. Miren aquí un viaje larguísimo y hermoso –como son tantos– que incluye a Colón y a la palabra chile. Miren como una palabra se esfuerza por nacer

Qué riqueza, ¿no?

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En fin. Échenles un ojo a las piezas de algunos de nuestros fotógrafos más frecuentes. El viaje arranca ahí. También tenemos una petición para el modernismo culinario. Lo que pedimos es repensar la idea de lo “auténtico”. (Adelantamos esto: lo auténtico es un poco tonto, un poco ciego.) Únanse a nuestras redes, si es que no lo han hecho ya. Estamos en instagram, facebook, twitter. Recibimos cualquier comentario –bueno o malo– con una sonrisa y buena onda. Paseen por nuestro sitio y, si no es mucha molestia, por nuestra tienda. Dicen que es bueno regalar HojaSanta, y ai viene el día de las madres. *guiño* Si recibieron este newsletter por error o nomás ya es hora, pueden salirse de la lista aquí. Si no, acá nos vemos el lunes próximo.

Vayan de viaje. Se vale dentro de la ciudad, que es tan bonita y tan puerca y huele tan mal que dan ganas de pasearla completita. La ciudad, se sabe, es inmortal.