Una visita al vientre de París

 

El ciclo de los Rougon-Macquart está compuesto de veinte novelas y es, acaso con perdón de Balzac, el retrato literario más preciso de la vida francesa. (Quizá penosamente, esa vida francesa ya no existe: los retratos están condenados a volverse obsoletos prácticamente desde el momento en que se culminan.) De ese ciclo de veinte novelas se desprenden varias que ameritan lectura casi obligatoria, pero es probable que ninguna interese más a los lectores de esta revista que Le ventre de Paris.

04152018_nota-ventre de paris 01.jpg

En Le ventre, Zola aplica su método naturalista —consistente en describir la realidad con fidelidad de observador científico— para extraer una estampa fresquísima, aún después casi dos siglos de existencia. Zola, por ejemplo, describe el hambre de Florent, nuestro ex presidiario protagonista, quien vaga por Les Halles, el mercado central de París, su panza metafórica, durante el siglo XIX. Precaución: dejar la lectura para después si no se tiene nada en el estómago.

El fresco olor de las verduras en las que se había hundido, el aroma penetrante de las zanahorias, lo turbaba hasta el desfallecimiento. Apoyaba con todas sus fuerzas el pecho contra aquel hondo lecho de alimentos, para apretarse el estómago, para impedirse gritar. Y, detrás, los otros nueve camiones, con sus montañas de coles, sus montañas de guisantes, sus pilas de alcachofas, de lechugas, de apios, de cebollines, parecían rodar lentamente sobre él y pretender sepultarlo, en la agonía de su hambre, bajo un alud de comida.

El vientre de París es —sus palabras ya lo dijeron por sí mismas— una de las grandes novelas comestibles de la literatura. A devorarla cuanto antes.~

04152018_nota-ventre de paris 02 portada.jpg

Pueden leerla gratuitamente en Gallica, el sitio de la Biblioteca Nacional de Francia, pero, para ahorrarles tiempo, ya la convertimos a pdf para ustedes. Vayan aquí o escaneen el código:

04152018_nota-ventre de paris code.png