La comida más importante del día

 
 foto: Billy Sullivan

foto: Billy Sullivan

Este desayuno de campeones viene en uno de los ensayos de Hunter S. Thompson que, en forma serial, aparecieron en la revista Rolling Stone en los setenta. Su título no es menos excesivo que el propio Thompson: ‘Fear & Loathing on the Campaign Trail ’76: Third-Rate Romance, Low-Rent Rendezvous’. (La compilación de esos ensayos terminaría siendo Fear & Loathing in Las Vegas, su obra mejor conocida o al menos más comprada.) Para Thompson, claramente, el desayuno de veras era la comida más importante del día. Una enloquecida manera de dar un hola magnífico al nuevo sol y al mismo tiempo de decirle al mundo un claro vete al carajo. Thompson se pegó un tiro en el 2005 pero, hey, si él no lo hacía estos desayunos lo iban a mandar al infierno tarde o temprano. Recomendación: inténtenlo en casa. 

Me gusta desayunar solo, y casi nunca antes de las doce. Toda persona con un estilo de vida desahuciado alv necesita cuando menos un ancla psíquica cada veinticuatro horas y la mía es el desayuno. En Hong Kong o en Dallas o en mi casa, sin importar si dormí o no, el desayuno es un ritual personal que puede ser observado como se debe únicamente solo y en el espíritu de un exceso genuino. El factor comida debe ser siempre considerable: cuatro bloody marys, dos toronjas, una cafetera completa, rangoon de cangrejo, un cuarto de kilo de salchicha o de tocino o de hash de res con su chilito picado, una tortilla española o huevos benedictinos, trozos de limón para sazonar a discreción, un litro de leche, algo tipo pay de limón, dos margaritas y de postre seis rayas de la mejor coca posible. Ah sí: también tiene que haber dos o tres periódicos, el correo y los mensajes, un teléfono, una libreta para planear las siguientes veinticuatro horas, y siquiera una fuente de buena música. Todo esto por supuesto debe suceder afuera, al calor del sol, y de preferencia como dios me trajo al mundo.~