La Revolución de Mónica Patiño

 
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No todo está hecho. Hasta hace poco, por ejemplo, esto no estaba hecho: la unión de la chef Mónica Patiño y el tequila Revolución. Qué par, eh. A ella la conocen. Básicamente le dio una nueva forma a la cocina mexicana –a la cocina chilanga en particular– al final de los noventa y durante toda la década pasada. La convirtió en lo que es ahora: una cocina más interesada en su producto, en su lugar, en su tiempo. La llevó a explorar otros lugares del mundo –sobre todo el Asia profunda, que es la segunda patria de la chef Patiño.

Ella siempre ha estado interesada en la exploración. Es una mujer inquieta: simplemente no se va a quedar parada. “Yo empecé con mucho entusiasmo a acercarme a las bebidas tradicionales”, dice. “A lo hecho en México. Así empezó mi interés por el mezcal (en náhuatl: ‘maguey cocinado’), por el vino mexicano…” De alguna forma, “el tequila empezó a quedar en segundo plano”. Con ustedes: Revolución.

“Cuando supe que me iban a presentar el proyecto de Revolución, llevado a cabo por la nueva generación de la familia –continúa la chef–, la verdad no esperaba mucho. Sólo un tequila más dentro de una nuevo diseño de botella y una linda etiqueta.” Pero oh sorpresa. Como ustedes sabrán, Revolución está lejos de ser un tequila más.

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“Quedé impresionada de la calidad, lo congruente de su presentación y del conocimiento y profesionalismo con que está llevado a cabo este proyecto”, nos dijo Mónica. “Fui probando de uno en uno y mi visión cambió por completo.” La chef está pensando constantemente en el otro. Revolución, como empresa, también. “Por eso decidimos darle entrada en Casa Virginia a tequila Revolución y empezar a trabajar con algunos proyectos que teníamos en puerta de ayuda a comunidades que sufrieron con el terremoto.” El terremoto es la gran partida, la gran división. En el caso de Mónica y Revolución, es el punto de partida de un proyecto altruista: pensado en los demás.

Vayan a Casa Virginia, un restaurante precioso casi en la esquina de Monterrey y Álvaro Obregón, colonia Roma, y pidan Revolución. La chef Mónica Patiño tiene recomendaciones. “El tequila siempre ha sido algo muy familiar –recuerda–. En casa a mis padres les gustaba servirlo derecho y en temporada de calor meterlo al congelador… A mi abuelo le gustaba mucho y una mis tías tomaba su tequilita antes de la comida, así se conservó muy bien por años.” El tequila es un gran preservador.

También es una forma de cultura. Escuchemos a la chef: “Yo creo que sería casi imposible separar la gastronomía y cultura mexicana de esta bebida tan emblemática. Está enraizada en el transcurso de las generaciones.” Lo siguiente es casi una guía para beber Revolución: “Lo relaciono con las emociones, con los festejos, con la pausa entre una mañana muy ajetreada y llegar a la comida esperando este aperitivo que te relaja y te abre el apetito. Es un gran inicio de una buena comida.” ¿Cómo pedirlo? Como gusten, claro, pero también así: “Para iniciar como aperitivo clásico, o en alguna preparación sencilla o derecho al final como un gran digestivo.” Mónica reflexiona un segundo y aclara: “Aquí me refiero a Revolución extra añejo acabado en barrica de roble francés.”

¿Ya se lo sirvieron? Ahora escuchemos la playlist que Mónica Patiño, chef extraordinaria, nos preparó para beber en este principio de la tarde. “Espero les guste –dice–. Tiene piezas que me encanta escuchar. Contienen historia familiar, momentos que se entrelazan con las melodías.”



En el mundo del maridaje como en el Tequila, no todo está hecho.