Qué susto

 

Toda la semana pasada sirvió para recordarnos la implacable fragilidad de nuestra ciudad. La sequía prometida se convirtió en el susto del año. Imagínense la absurda contradicción de quedarnos sin agua en la ciudad fundada sobre el lago, la ciudad de los ríos entubados y los trescientos días de lluvia. (Es noviembre y no para de llover.) La contradicción pero también la enorme, la insoslayable lección para el futuro: no podemos volver a nuestros viejos modos de uso de agua, a su loco desperdicio. Por vida suya (y nuestra): no. En ‘Agua pasa por mi casa’ Jimena González-Sicilia nos recuerda la vocación acuífera de la ciudad de México –ciudad-mercado y sin embargo desvinculada entre su infraestructura y los productores locales–, la necesidad de voltear a las chinampas, de reorientar la producción hacia la agricultura urbana y suburbana.    

Es un asunto de medio ambiente, claro, pero también de política y comida. Sin afán de agriarle el yogurt a nadie, esta semana quisimos traer algo de política a la mesa. Desde Bolivia, Michael Snyder nos envió una crónica/reportaje sobre la competencia, que mucho tiene de problema político, entre el cultivo de coca y el cultivo de café. Una competencia desigual, como ya podrán imaginarse. (Ojo a las fotos de Felipe Luna en esa nota. Hay unas muy buenas.) De nuevo en México Adrián Espinoza vuelve a una historia interminable: la que dice que los festines son de unos cuantos y las migajas de todos los demás. Nomás no pasa que las cosas cambien, como también pueden ver en la serie Power Hungry de Henry Hargreaves y Caitlin Levin, quienes imaginan el doble estado de una cultura y una época como dos lados de una mesa cuya frontera es más tajante que un muro de púas.

 Hablando de muros, en la nueva entrega de #Entre2Panes Yuls Suárez ha optado por hacerle mella al muro que nos quiere separar a todos con una barda: la barda en la que nacieron las enormes y felicísimas tortas de la barda allá en Tampico, Tamaulipas. Háganlas tradicionales o modifíquenlas a su gusto. Las tortas de la barda son grandes como una casa donde todos somos bienvenidos.

 Claro que hay más notas de comida y política en HojaSanta. Antonio Calera-Grobet intenta en este ensayo explicarse a sí mismo la comida del acarreo, esa práctica entre ofensiva y meramente de supervivencia; mientras que Armando Chacón explora “algunos episodios de la tragicomedia política de intriga y chismes que se desenvuelve detrás del comercio internacional de alimentos”. Prepárense para al menos un facepalm bien merecido. Y, para el desempance, un poco de gobierno comestible: incluye un peñanietito de vegetales tallados.  

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Basta de política: tenemos que hablar de carnitas.~

 
Arantxa Osnaya