Piensen en el postre. Por favor.

 

El postre es el gran salto civilizador. Si cocer –es decir: acercar un alimento al fuego y transformarlo– nos separó de los otros animales, y cocinar ––pensar en diversas formas de transformar un alimento– nos adelantó muchos evos, imaginar un premio para el final de la comida fue ya una coquetería. El postre, esencialmente, no es alimentación: es puro sentido del juego y de lo goloso. El postre es como la poesía lírica o la música de cámara. No hay arte más inútil que el arte del postre. El postre es el fin, literal y metafórico: es un fin en sí mismo; comemos postre porque sí, por nada más. El postre es el camino a la sobremesa y a veces es su guía también. Es el paso al café y éste a los carajillos y los carajillos a las conversaciones que se alargan y se alargan. El postre es la cultura, en clave.

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Además de un (innecesario) elogio del postre, esta semana quisimos traerles algo para que se pongan a chambear, para que se enharinen manos, brazos y nariz y produzcan esos dulces premios desde su cocina. La más nueva de todas es esta receta de galletas de cacahuate. Les retamos a no tomárselas con un vaso de leche fría, sacadita recién del refri. Luego tenemos cosas fáciles en extremo, como estas naranjas sangrías con chocolate y menta o esta nieve en cáscara de toronja de la gran Alison Roman, y cosas ya para cocinerxs entrenadxs, como esta tarta de crème brûlée que les va a traer una ovación de pie el día que se la presenten a sus invitados (¿o clientes?). En medio, un pan de elote como de carretera norestense y, porque ya son fechas, una rosca de reyes, clásico remasterizado. Todos ellos, postres hermosos de ver. (Aunque nosotros también estamos con el fotógrafo rebelde Martin Parr y creemos que hay una opresión de lo bello, acicateada por Instagram y el food porn vía series y películas. Pero quién dice que tenemos que ser coherentes todo el tiempo.) Para terminar, si van a hacerse un té en lugar de un café, inténtenlo con esta mezcla de especias que encontramos en un libro de cocina persa. Es tan sencilla y bella que algo tiene de triste, como haber hecho un viaje larguísimo para llegar a la casa de junto y que alguien te reciba con un abrazo interminable mientras te dice: Sabía que venías.

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 Por supuesto que hay otras cosas que ver en nuestro sitio. La otra vez nos fuimos a Durango, ese fructífero desierto, y hace rato que no hablábamos del viaje. Para acompañar la nota: una miniguía de alimentos, ingredientes y materias primas duranguenses, y ya que estamos en esto, una receta de caldillo, plato estrella de Durango. Paseen por nuestra tienda, donde pueden encontrar una foto brutal de Ana Lorenzana del paisaje duranguense. Es navidad, cómprensela a sus amics. Hay otras cosillas también, como una pieza más de nuestra coautoría con Nespresso, que esta vez incluye cortos de cine. Échenles un ojo. Sígannos en twitter, facebook e instagram, que son el diablo pero nomás no podemos dejarlas ir. Bienvenidos todos. Si recibieron este boletín por error o nomás ya estuvo, pueden borrarse de nuestra lista aquí. De otra forma, nos vemos aquí el próximo lunes.

 Por cierto, ¿ya desayunaron?~