Bienvenidos: miren el mar

 

El mar es la fiesta, el calorcito, el vino con hielos y agua mineral, la chela. (Tengan una.) El mar quiere lo que es suyo y nada de lo que es suyo le puede ser negado. El mar atrae como un imán gigantesco y los humanos somos como pedacitos de fierro que siempre están apuntando al mar, con la mente o con la vista. El mar quiere lo que el mar quiere, y al final va a ser suyo lo que quiere. ¿Saben qué pasa cuando alguien que nunca ha visto el mar ve el mar? Pasa una transformación profundísima. Pasa un cambio de carácter. Una subversión de uno mismo, un replanteamiento. Pero feliz. La revelación del mar es una cosa que se siente físicamente; es una emoción que produce taquicardia. Todos los que hemos visto el mar la hemos sentido.  

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Es imposible, claro, transmitir sin lugar a dudas la emoción de estar cerca del mar. Eso se siente adentro. Pero es posible hablar del mar, como Jorge Pedro Uribe lo hace en esta oda. Hay un montón de dichas en el mar, dice Jorge Pedro, pero también hay algo tristísimo, profundo como la parte más profunda del mar. (Esa donde crees que estás en el mero fondo y de pronto te das cuenta de que en realidad estás en la cima de un abismo que deveras da al fondo del océano.)

También es posible cocinar los frutos del mar, como Armando Jiménez, chef de Puntarena, nos enseña en su versión de pescado saratoga. Es una receta clasiquísima, venida de un chef clasiquísimo también. También es factible (y celebrable) comer los frutos del mar desde la lata. De niños nos hacíamos sándwiches así: tres cucharadas de atún de lata, una cucharadita de chipotles de lata en una rebanada de pan bimbo (o pan de caja para quienes no vivan en México), doblada a la mitad. Dicen que éramos pobres. La verdad yo nunca lo noté. El sándwich de latas era un carnaval. Y lo mismo puede decirse de los tacos de sardina de lata, con salsa de tamarindo pa que amarren.

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(Si quieren cocinar marítimo todavía más en serio pueden hacerse un lenguado pochado o unos tacos de camarón con sambal balinés.)

Hay otras cosas que leer y hacer en nuestro sitio, obveo. Está, por ejemplo, esta charla con John Simmons, heredero de las fortunas pero sobre todo de la fórmula de la salsa Tabasco. (¿Nos pagan por hablar de Tabasco? Sí. ¿Hablaríamos de Tabasco aunque no nos pagaran? No lo duden.) También está esta canción de bienvenida para una bebé que viene llegando al mundo. Incluye palomitas, como todas las canciones de bienvenida.  

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¡Pero esperen! ¿Qué es esta agua salada que en medio de la oficina moja ahora mismo nuestros pies? ¿Quién demonios cambió el cielo gris de la ciudad por este pedazote de cielo azul libre de nubes? La otra vez nos dijeron que el mar –el mar imposible de asir, el mar que no puede conocerse completo, el mar que es como otro mundo– es un estado de ánimo. Y miren: resulta que sí es cierto.~