#EspeciasMenores: El plato de siempre

 

texto e imagen: Pablo Duarte

Sé exactamente lo que va a suceder. Paso a paso, conozco esta sucesión de actividades. Conozco sus variaciones y, con cierta tolerancia, estoy al tanto del resultado final. Lo sé, exactamente, porque ése es justo el punto: predecir el futuro. O negarlo. Por anticipado y con toda regularidad. Como con las amistades más hondas y las decepciones más conmovedoras, uno acude al platillo de siempre porque sabe exactamente lo que va a suceder.

En mi caso, habrá primero una urticaria sin sosiego. La cosquilla aparecerá como un punto sin sitio ni circunferencia en el estómago, luego en la garganta y finalmente se extenderá a la base del cráneo. Ahí, dicen los anatomistas, está el hambre y el ansia. Llegado ese momento interrumpiré todo en una nébula inconsciente. Recuperaré la voluntad acuclillado frente al cajón de las verduras: entre la podredumbre penosa de unas calabacitas, el plástico húmedo que cubre la lechuga y un plato de unicel con dos de seis hongos portobello, emergen tres ingredientes en distintas etapas de frescura: cebolla morada, limones y la falta de menta. Siempre falta menta. 

En mi caso; usted, es obvio, tendrá el suyo. ¿Será?

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Aquí vendrá, lo sé exactamente, una digresión. Una pantalla, un viejo con delantal, el mítico chef Pépin, un cuchillo corto en una mano y una cebolla en la otra, las instrucciones en francés disfrazado de inglés, y luego mano, toda destreza, toda velocidad y soltura, en menos de treinta movimientos la cebolla singular transmuta en multitudes minuciosas, –¿sigue siendo la misma cebolla?–, es una habilidad que envidio y para la que no tengo la disciplina de entrenar, –¿por qué lloramos cuando partimos la cebolla?–, no es ácido sulfúrico, ni picante: es un factor lacrimógeno creado por una compleja sucesión de inestabilidades y reacciones que echa andar el primer cortea la cebolla, visité Wikipedia alguna vez y cuando empiezo a llorar recuerdo que debería memorizar el nombre exacto, siempre sucede, el couscous tiene muchos nombres, alimenta al norte de África y llegó a Francia por ahí del siglo XVI, sabemos que un comisionado naval recibió a 18 dignatarios marroquíes en 1699 y estos trajeron tópers llenos de couscous con dátiles para regocijo del funcionariado, visité Wikipedia alguna vez y, ya todos mis ingredientes en el tazón, pienso que debería memorizar más anécdotas, siempre sucede. Termina el circunloquio

En mi caso; a usted, sin duda, le pasará también. ¿Será?

Este platillo lo preparo todo el tiempo, más del que la nutriología consideraría sano. Lo preparo porque sé los pasos y porque no defrauda. Es compañía. No es confortable ni es la vuelta a un pasado mejor, a una memoria rutilante que apacigua. Este platillo no me juzga. No juzga que sea de esos que pretende aprenderse nombres científicos solo para, en ocasión cualquiera, escribirlo. No juzga que desoiga el comando de la receta que exige menta fresca y pepino en cubo chico, para alinearme con el sabor austero del couscous más simple. No tendría cómo juzgarme porque es un tazón de sémola de trigo inflada con agua hirviendo y sazonada con cucharadas de aceite de oliva, limón a mansalva y algo de sal. Ya sé: es un animismo baboso, qué remedio.

Sé exactamente qué pasará cuando revuelva todo, con tenedor y mal, y lo que sucederá después, cuando pruebe la mixtura. El limón y el aceite harán ese corto circuito astringente en el rincón de la lengua y, una vez más, sabré que eché a perder el guiso. Pero el punto no es ese; el punto a fin de cuentas en este benévolo couscous es la frecuencia, refocilarse en el recorrido. Así como no todos nuestros amigos son geniales, no todos los platos son de concurso. Estos platos renuncian al espectáculo; son el pants mullido, la desprolija insinuación de la intimidad. El mérito y encanto de los platillos que siempre preparamos estará en la mecánica del acto de pasar de una caja de cartón y una taza de agua hirviendo a una cena para dos.~


#EspeciasMenores es la columna de bellas pequeñeces del escritor Pablo Duarte en HojaSanta. Síganla acá.