#EspeciasMenores: Cinco sobre el refrigerador vacío

 

por Pablo Duarte

1.

Todo es un buscar y encontrar cualquier cosa. Un buscar y no encontrar nada. O quizá uno halla exactamente lo que precisa y no lo sabe. Todo es un buscar y conformarse con los resultados inciertos al final. Todo es un buscar al fondo del estante del refrigerador y hallar un simulacro, un fantasma, la mancha, el olor. De los aparatos, el refrigerador es el que más se asemeja a la máquina del tiempo. Pasma y expende un kilowatt-hora en luchar contra la pérdida, la transformación más definitiva: la de la caducidad inapelable. 

foto: Mark Menjívar ©, de la serie Refrigerators; aquí: Street Advertiser | San Antonio, TX | 1-Person Household | Lives on $432 fixed monthly income.

foto: Mark Menjívar ©, de la serie Refrigerators; aquí: Street Advertiser | San Antonio, TX | 1-Person Household | Lives on $432 fixed monthly income.

2.

No queda claro si Plinio el joven se contentó finalmente con Septitio Claro. La posteridad solo registra lo mal quedado del segundo. Por la vehemencia de su enfado, no creo que se hayan amigado. La carta, una de tantas que escribió Plinio el joven –sobrino de Plinio el Viejo, alumno de Quintiliano, funcionario público, burócrata ejemplar– no deja lugar a dudas: Septitio Claro se fue al pasto.

Ah, muy bonito, empieza la misiva, haces una cita para comer y nunca llegas. “Tendrá que haber justicia –me reembolsarás hasta el último centavo del gasto en que incurrí por razón tuya.” Púmbale. Bien harían en cobrarle al próximo que los plante las dos bolsas de Sabritones y el dip de lata que tenían ya preparadas. Pero lo más revelador de la carta es un detalle puntual de los gastos devengados: “Has de saber que mandé preparar una lechuga para cada uno, tres caracoles, dos huevos y un pastel de cebada, algo de vino dulce y nieve (la nieve, sabrás, te la cobraré especialmente, porque es una exquisitez que no dura).” Y sí, la nieve no dura, menos en la península. La nieve, en esa época, era un lujo tan fugaz como costoso. El proceso para hacerse de un coctel implicaba carreras desde las cumbres nevadas hasta los sótanos bien aislados donde guardaban estos deleites temperados. No era, pobre Plinio, abrir la puerta y sacar el litro de helado con olor a congelador ligeramente químico. Su nieve tenía que ser, según el método persa, por ejemplo: mantenida en cámaras ventiladas y acicalada por esclavos que la liberaban de “ramas, tierra” y demás imperfecciones. Ojalá haya recibido la justa retribución de sus molestias Plinio el Joven.

3.

No tengo más que tres objetos, tan extrañados ellos como yo por su presencia al fondo del enser. No recuerdo cuándo compramos esos pepinillos en salmuera. El bicarbonato perdió contra el aroma y temo romper el hermetismo de ese recipiente. El refrigerador casi vacío es señal de muchas cosas: de demora en la quincena, de desidia, de mala planeación. Es señal también de un buscar y no encontrar, o encontrar lo que uno busca transformado, ligeramente otro, más pungente, menos sólido, o casi congelado. El refrigerador promete quietud y solo entrega espectros, fantasmas fluorescentes.

4.

Padecimiento de privilegiados: en el país retratado en el censo de 2010 todavía casi cinco millones de hogares no tienen frigorífico. Los 23,091,296 que sí lo tienen, habrán contemplado con pasmo la fluorescencia helada que concede poco. Que concede nada. El refrigerador es el vacío más fresco; el más vivo. Padecimiento reciente, también. La Primera Guerra Mundial comenzó sin refrigeradores domésticos –pura caja aislada con hielo, perdedor siempre en la batalla contra el derretimiento. Los años de entreguerras fueron los años de la carrera armamentista frigorífica. Patentes francesas, suecas, gringas: experimentos químicos, intoxicaciones, miniaturización. Ahora son casi consejeros espirituales, coaches ontológicos al tiempo que dispensan cubos perfectos en un vaso. Y sin embargo a esos también les pasará que abren la puerta, un día anónimo, y se enfrentan a tres objetos poco claros, duraderos pero ya pasados.

5.

El refrigerador es el museo termocontrolado de las ganas no correspondidas.~


#EspeciasMenores es la columna de bellas pequeñeces del escritor Pablo Duarte en HojaSanta. Síganla acá.


Acá está la serie Refrigerators: You are what you eat de Mark Menjívar.