#EspeciasMenores: Recetario contra el domingo sin final

 

texto e ilustración: Pablo Duarte

1.

Atravieso un momento difícil. Las cosas sencillas tornaron trabajosas; mendigar atención compungida a fuerza de expresiones como “atravieso un momento difícil” es súbita costumbre. Un momento autocompasivo, podría decirse. Paso por lo que podría llamarse, sin mucha falla, un domingo.

Todos los atravesamos, obviamente. Con regularidad al fin de la semana, pero más allá, coincida el calendario o no, aparece sin agenda. Los hay más longevos, los hay módicos, apurados. Sus señas de identidad, las características de su atmosfera, obviamente, son de común conocimiento. Requiere menos explicación que algún otro concepto, digamos, por ejemplo, “momento difícil”. Domingo como estado anímico, en cambio, es etiqueta inequívoca.

Inequívoco, prolifera. Y como con todos los males dispersos, proliferan los remedios.

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2.

Entre los antídotos para su particular versión del domingo sin fin, Robert Burton en el siglo diecisiete proponía una dieta. Apela a las autoridades que lo anteceden y propone en un compendio corto dar cuenta de sus recomendaciones y apercibimientos. Conciliar las opiniones contrapuestas resulta en un recetario tan laberíntico como inescrutable. Más o menos hay que abstenerse de frutas, aunque algunos proponen que hay que frecuentar las manzanas y los higos. La carne, en casi toda variedad, es cosa melancólica y prohibida. La mariscada es por lo general dudosa y no recomendada, aunque, según Burton mismo, la carpa no termina de ser propicia ni desaconsejable. Nada de especias, algo de miel, nada de legumbres, y haga lo que haga, jamás se acerque al repollo. Y, aunque el resultado del apego estricto a este vademécum sería una mixtura caldosa y deprimente, Burton nos da un poco de respiro: lo que compromete el ánimo, más que la pizca de venado marinado en jugos cítricos y pimienta negra, es la cantidad: “una panza insaciable”, escribe que alguien dijo, “es una pila perniciosa, y la fuente de todas las enfermedades, del cuerpo y de la mente”.

3.

Aunque Burton sí las menciona –birra oscura para nada, copa de vino pasa–, la bebida espirituosa como remedio dominical es materia singular, enciclopédica, de una profundidad farmacológica que resulta intratable en este texto. Digamos, por lo menos, que el químico francés Gay-Lussac es el santo patrono del alivio expeditivo y la vengativa resaca y que en su nombre queda encomendada un futura indagatoria.

4.

En 1966, escribió el Palm Beach Post, “Los adultos, cuando están bajo estrés emocional severo, echan mano de lo que podríamos llamar ‘comida de confort’ –comida asociada con la seguridad de la infancia, como los huevos pochados o el famoso caldo de pollo de mamá”. Según Cari Rom, esa quizá es la primera instancia de la frase en clave autoayudante: comfort food.

La comida de confort es una industria. El binomio “tristeza-cubeta de helado” simplifica los remedios de otro tiempo pero no altera el curso de la fe. Se cree en la caloría, en el viaje al pasado, en el componente seco y ardiente –en contraste a los excesos húmedos y vaporosos del humor melancólico– de los platillos elegidos, eso no cambia. Qué triste conclusión sería si confesamos que el remedio está en la fe y no en elemento activo de la sustancia remedial. No cedamos: el remedio no es la creencia sino el acto, no cedamos.

5.

Falso gourmet, mal comensal, e igual cocinero –atravieso un momento autocompasivo, un domingo–, en mi receta personal, el platillo es lo de menos. Por momentos considero que sólo me afilio al contrato social de comer con loza y cubiertos para darme el posterior placer de lavarlos. Lavabo, esponja, jabón líquido, cepillos de calibres distintos y paciencia para desmontar sobre el cristal los restos grasos, los grumos toscos que se aferran. Sería facilón, cursi decir que las moléculas de jabón envuelven al domingo, lo suspenden en el agua. Pero no cedamos: el remedio contra el domingo sin final es el acto que sigue al platillo.~


#EspeciasMenores es la columna de bellas pequeñeces del escritor Pablo Duarte en HojaSanta. Síganla acá.