Réquiem por un Twinkie

 

Este texto de Tanya Huntington fue escrito en la estela del anuncio de la desaparición del Twinkie. No hay nostalgia en él. Quisimos rescatarlo porque retrata muy bien una incertidumbre hecha al mismo tiempo de capitalismo, dulzura y chatarra. (Tranquilos todos: el Twinkie está sano y salvo.)

Larry D. Moore, CC BY-SA 3.0

Larry D. Moore, CC BY-SA 3.0

por Tanya Huntington

Lo anunciaron el año pasado [nota 1]: la empresa Hostess se declaraba en bancarrota a raíz de una huelga prolongada de sus obreros sindicalizados; por ende, ya no iba a haber más Twinkies. Y el país vecino entró en pánico. Hubo estampidas en las tiendas, acopio en las casas, subastas en línea. Lo cual nos induce a preguntar: ¿por qué ha causado tanto impacto la descontinuación de un capricho azucarado que, visto con cierta objetividad, carece de chiste?

Tal vez porque desde su nacimiento en 1930 el Twinkie se ha vuelto emblemático de una amplia gama de temas más allá del anodino Twinkie en sí, desde la globalización hasta la gordura. O porque la composición del Twinkie, originalmente afín a la de cualquier pastel preparado en cualquier cocina, se ha vuelto un cremoso misterio envuelto en un esponjoso enigma. Incluso podríamos afirmar que el dilema es mayor cuando los hijos nos preguntan por el origen de los Twinkies [nota 2] que cuando nos preguntan por el de los bebés, porque nadie conoce la respuesta. A menos que haya leído a Steve Ettinger, quien escribió un libro entero con el flamante título de Twinkie, Deconstructed sobre el icónico placer culpable y sus aproximadamente treinta y siete ingredientes. (Algunos heterodoxos sostienen que son treinta y nueve en total.)

Todo un sistema alimenticio

Lo que en principio era un pastelito con sabor a vainilla relleno de crema de plátano, inventado expresamente con el propósito de ocupar unos moldes que sólo se usaban durante la temporada de fresas, evolucionó a lo largo de la última mitad del siglo XX hasta convertirse en un compendio de sustancias que generalmente no asociamos con la comida, y que incluyen el polisorbato, un químico derivado del petróleo. Otros cinco ingredientes provienen de diversas piedras y se importan de distintos países, incluida China. Por tanto, Ettinger llama al Twinkie un “sistema alimenticio” representativo de la nueva economía global.

Toda esta ingeniería tiene el fin de extender el tiempo de caducidad del producto y facilitar con ello su distribución masiva. Estos esfuerzos, de hecho, continuaron desarrollándose durante este milenio y dieron lugar a la reflexión de Steven M. Davidoff del New York Times en el sentido de que una empresa como Hostess claramente está en problemas financieros cuando su estrategia para salvarse consiste en intentar que un alimento perecedero dure más semanas en las estanterías.

Sugar rush

El ingrediente principal del Twinkie –después de la harina– es, por supuesto, el azúcar. Cada pastelito contiene 19 gramos de azúcar y un total de 145 calorías; eso, antes de freírlo en aceite, como se acostumbra en tantas ferias locales. [nota 3]

Frumpy Fairy/flickr

Frumpy Fairy/flickr

Tanto estimulante debería ser ilegal. O eso pensaban los abogados que defendieron en 1978 al hombre que asesinó al alcalde de San Francisco, George Moscone, y al supervisor de la misma ciudad, Harvey Milk. Estos abogados afirmaron que Dan White, quien antes había sido un hombre muy saludable, entró en una espiral de depresión debida a su adicción reciente a los refrescos y la comida chatarra. Argumentaron que el jurado debería encontrarlo culpable de homicidio no premeditado, dado que su capacidad mental había disminuido bajo los efectos de tanta azúcar. Inverosímilmente, la estrategia tuvo éxito, y un periodista inspirado la bautizó como ‘la defensa del Twinkie’, o the Twinkie defense, término que se sigue usando en inglés para referirse a todas aquellas estrategias legales descabelladas que, extrañamente, resultan ser exitosas.

Esta mala publicidad no hizo mella en las ventas de los Twinkies, que llegaron a 36 millones de paquetes en 2011. Esto no ha tenido ninguna relación directa con el índice de homicidios a nivel nacional, pero sí con el de obesidad: hoy día más de un tercio de los adultos y un cuarto de los niños en Estados Unidos caen dentro de esa categoría de peso completo. [nota 4]

Un Twinkie es para siempre

Gran parte del valor icónico del Twinkie tiene que ver con el debate en torno a su grado de permanencia. Ciertamente, un Twinkie que fue colocado hace cuatro décadas en una caja de vidrio por el profesor de ciencia Roger Bennatti se ve bastante íntegro, aunque nadie se ha atrevido a comerlo para averiguar si los saborizantes artificiales han aguantado el paso del tiempo. Películas como Wall-E postulan que el Twinkie mantendrá su artificial frescura por los siglos de los siglos y alimentará a las cucarachas incluso cuando ya no hay humanos sobre la Tierra.

Por muy atractivas que parezcan, se han desmitificado todas aquellas leyendas urbanas que afirman que los Twinkies, como los diamantes, son para siempre. Dicho lo cual, la realidad sigue siendo demasiado perturbadora para mi gusto. Pregunta: ¿cuál pastel aguanta veinticinco días sin echarse a perder? Respuesta: uno que sustituye los lácteos con un laboratorio de químicos. Pregunta filosófica: ¿hasta qué punto sigue siendo alimento este simulacro artificial? No tengo respuesta. Lo único que me queda claro es que lo que alguna vez era símbolo de la modernidad no sólo ha caducado, sino que ha logrado transformarse en símbolo de la posmodernidad.

Points of View / flickr

Points of View / flickr

El Twinkie ha muerto, ¡viva el Twinkie!

Ahora bien, todos los que siguen siendo fanáticos, a pesar de todo, de una chatarra que se conserva mejor que un ser humano no deben perder la esperanza, mucho menos sacar la tarjeta de crédito para comprarse una caja de Twinkies por cinco mil dólares en eBay. El último Twinkie no se ha horneado aún. Dos empresas de capital privado han adquirido Hostess, que irónicamente duplicó su valor al liquidarse, además de deshacerse de sus conflictos con el sindicato laboral. Con lo cual el Twinkie se ha vuelto emblemático también de los abusos neoliberales.

Se rumora que la producción se reanudará esta misma primavera. [nota 5] Lo cual confirma, por si les quedaba alguna duda, que los Twinkies son verdaderamente indestructibles.~   


Notas de HojaSanta, 2017

Nota 1. Ojo, amigos, este texto fue escrito y publicado inicialmente en 2013.

Nota 2. En México Bimbo ha vendido su versión de Twinkies desde hace muchos años; los llama Submarinos. Hace algunos meses esa empresa pareció entrar al quite para “rescatar” Twinkie, y de paso Wonder Bread, de la quiebra. Respiremos en paz.

Nota 3. Si nos preguntan a nosotros, esta práctica de freír Twinkies debería estar más extendida. Es peligrosa y revitalizante, como aventarse de un avión montado en una patineta a ver qué pasa.

Nota 4. En México estamos peor. Ai les van las cifras más recientes del Instituto Nacional de Salud Pública: niños de 5-11 años de edad: 33.2% de sobrepeso u obesidad; adolescentes entre 12 y 19 años: 36.3%; adultos mayores de 20 años: ¡72.5%!

Nota 5. Sip. Se reanudó. The sweetest comeback in the history of ever.


Más de uno ha intentado recrear un Twinkie en casa. Una versión bastante decente está en Bon Appétit. Inténtenlo ustedes también:


Publicado originalmente en el número 67 de la revista Casa del Tiempo, época IV, mayo de 2013. Reproducido en HojaSanta con la autorización de la autora. Encuentren el original aquí.