Comer, beber y amar

Una película irresistible y hermosa

por Anthony Bourdain

foto Yin shi nan nu (Comer, beber y amar, 1994)

foto Yin shi nan nu (Comer, beber y amar, 1994)

 

Este es un extracto de un ensayo padrísimo, Eat, drink, fuck, die, que Anthony Bourdain publicó hace ya algunos años en la revista Lucky Peach. El ensayo habla de varias películas, y de su relación con la comida. Como compartimos con él el entusiasmo por los primeros minutos de Comer, beber y amar, quisimos traducirlos para ustedes. Lean el ensayo completo en el sitio de la excelente Lucky Peach; es divertido e intenso. 

Los primeros momentos de Comer, beber y amar, del maestro Ang Lee, ofrecen la que probablemente sea la más deslumbrante muestra de arte culinario en cine. En lo que prepara una cena “casual” de domingo para sus tres hijas, el chef de banquetes Master Chu limpia un pescado, pela la piel plateada de una molleja de pollo, elige un gallo del patio de atrás, hace un caldo, fríe y brasea una panza de puerco, hace la pasta, rellena y forma perfectamente varios dumplings y ejecuta otras ocho tareas en un rápido, lógico orden. Vemos cómo un ingrediente o una función lleva en una secuencia hacia el siguiente, y la culminación de todo es una cena china que cualquiera que suela ir a restaurantes consideraría extraordinaria. La escena (al menos en parte) tiene intención humorística, y el chiste es que se trata de una cantidad absurda de comida para una cena casual familiar. Pero la ejecución de una cena de principio a fin nunca ha sido mostrada con tal exactitud. Sospecho que muchos profesionales y ex profesionales como yo pensaron, tras esos primeros minutos, que ésta era una película sobre los gozos de la preparación de alimentos.

En realidad, el asunto de la película es la comunicación –la batalla en que entramos para recibir y expresar amor. En este caso, la comida se usa como medio para que gente reticente, poco articulada y, en general, disfuncional se diga lo indecible.

Es, en verdad, una película irresistible y muy hermosa. Sólo una rata inmunda y sin corazón podría ser inmune a sus encantos. Comer, beber y amar sostiene, convincentemente, esa amplia creencia de que un plato de comida tiene cualidades innatas y que –dependiendo de la historia (personal o no) que quien lo prueba pueda tener con el plato– ese plato puede tener “corazón”. Que la comida puede ser un vehículo para el “amor” o de alguna forma contener el “alma” del cocinero que la preparó.

 

[…]

 

“No tengo recuerdos a menos que les dé existencia cocinándolos”, dice una de las hijas de Master Chu, ante una urgencia incontrolable de cocinar. Otra hija se enamora mientras come un tazón de tofu apestoso. Atormentado por la idea de que su sobrina nieta tiene que comer comida mediocre en la escuela, Master Chu le prepara el lonch en secreto todos los días, y pronto ya está tomando órdenes para todo el salón. Casi todos los momentos dramáticos de importancia en la película suceden mientras se prepara o se come una comida. Y sus primeros minutos nos reintroducen –bella y exactamente– a la labor y el tedio que definen lo que de verdad significa cocinar con amor.

 
 

Aquí está la secuencia inicial de Comer, beber y amar de Ang Lee:

 

Si van a ver películas, que sea con palomitas.


 

Y no dejen de visitar Lucky Peach son banda.