Rezos de ocasión

 

por Jimena Lechuga

Este texto apareció en nuestro volumen X, especial de comida y religión. Si no lo tienen, cómprenlo acá. Y de paso suscríbanse al newsletter de HojaSanta, su buena acción del día. Agregamos al final una pequeña galería de exvotos que no están en la versión impresa.

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La tradición católica dicta lo siguiente: póngase usted el mandil, limpie y aparte los ingredientes; córtelos en julianas, cuadritos o trozos groseros, según sea el caso; prenda la estufa, coloque la sartén; vierta los ingredientes, así, sin ton ni son, y repita a continuación:

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A veces resulta, otras no, porque hay recetas que merecen menos descaro y más sacrificio. En ésas también se invoca al santo patrono de las cocinas, pero con más respeto y ferviente devoción:

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Y a lo dicho: un zapateado, una vuelta, mano alzada –con gracia–, y se entona una corta pero sentida melodía que acompañe cada paso. A veces resulta, a veces no. Por eso hay quienes rezan a otros santos, otras vírgenes, otros entes celestiales por cuya benevolencia infinita se cree –se espera– poder revertir toda torpeza, distracción o mala sazón, para dar gusto al convidado. Y entonces se entona:

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Así, según el santo la rima, y casi siempre surte efecto. Después, en agradecimiento por la gracia concedida, se le dedica una linda pinturita donde se narre de grácil forma y con lujo de detalle –gráfico y literal–, la motivación que llevó al rezo, la puntual petición, el beneficiario, y el bondadoso resultado.~


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