Entre dos panes: tres estampas

 

Una torta puede ser una comida completa en sí misma. Tiene lo necesario, y muchas veces más. Es comida de trabajo, de faena. La torta del niño pobre, que en la ciudad de México va en desuso, tiene una buena ensalada de aguacate, jitomate, lechuga, cebolla; tiene jamón y bistec; tiene queso panela y frijoles. El emparedado po’boy –o sea: niño pobre– nació según dicen para alimentar a los trabajadores de tranvías de Nueva Orleans en la huelga de 1929. Entre dos panes está un espacio para el alivio. Es comida de supervivencia.

A continuación, la canasta de Tortas Robles en la Alameda Central, DF, 1947 (dos detalles: 1. ¡tortas de canasta!; 2. ¿qué quiere decir ‘canasta uruguaya’?); trabajadores ingleses toman un receso para un sándwich de “queso americano” en el muelle, Nueva York, 1940 (archivo Life); y Niños negros salen de la tienda camino a la escuela en Mix, Louisiana, nótese que llevan lunch por Russell Lee, 1938. ¿Llevan, acaso, un po’boy dividido en dos? Probablemente.

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