El ejército mejicano toma Nueva York

 

Al final de 2010 yo vivía en Nueva York. La revista Gente tenía una columna colectiva –una cosa llamada ‘Cómo viven ellos’ o algo así, yo qué pinches sé– sobre mexicanos en el extranjero. Me encargaron un texto. Lo traigo ahora a HojaSanta nomás como otra forma de recordar a Anthony Bourdain. Ojalá no pidan que lo bajemos. Lo que sigue apareció en Gente, diciembre 2010. –AR

por Alonso Ruvalcaba

He aquí una excelente noticia: en Nueva York –la ciudad más emocionante del mundo (si no me crees, pregúntale a un neoyorquino)– nos ven como una fuente inagotable de placer. Las fuerzas armadas mexicanas, provenientes principalmente de Puebla, ocupan estratégicos puestos clave en la guerra más ardua: la de la efímera dicha del servicio restaurantero. Con la frente en alto o cabizbajos, susurrando mentadas incomprensibles para el gringo promedio o alzando la voz al llamarlo a recoger su bendita orden, extendiendo sobre sus piernas la servilleta o detrás de la línea de fuego de la que saldrá esa ponderable cheeseburger, los ultraeficaces soldados del ejército mexicano están comandando la distribución de esa felicidad que en español llamamos comida, alimento, vianda, puchero, condumio, manduca, y en inglés food, chow, eats, bite, foodstuff.

El sexto capítulo de The Nasty Bits, libro de 2006 de Tony Bourdain –¿hay algún neoyorquino más placentero que este cocinero mediano y gran escritor?–, empieza con una serie de preguntas. “Seamos dolorosamente honestos –dice–: ¿quién está cocinando? ¿Quién es la espina dorsal del negocio restaurantero gringo? ¿Quién cerraría con su partida casi todos los buenos restaurantes, antros, centros de banquetes de las grandes ciudades de Estados Unidos? ¿De quién es la sangre y el sudor que permiten que cocineruchos blancos como yo vayan por el mundo y hagan programas de tele, libros horrendos, artículos intragables? ¿Quiénes, libra a libra, son los mejores cocineros italianos y franceses de Nueva York?” Y culmina: “Si eres chef, si eres gerente o dueño, ya sabes la respuesta: los mexicanos.” Una verdad. Una ostentosa verdad.

Acaso argüirás, entonces, que hay una inclinación neoyorquina por ver a los mexicanos como instrumentos (en el peor de los casos) o como agentes (en el mejor) mas no como legítimos creadores de comestible placer. He aquí otra excelente noticia: te equivocas. El agua de horchata (¡1 dólar nomás!) de Super Taco, en la esquina de la 96 y Broadway, ha sido llamada por Serious Eats “la mejor bebida de todos los tiempos” (7.8.2008); El Rey del Sabor, el sensacional camioncito de Rosa y Vilio Cardoso (tiene tres locaciones, todas en Midtown), quedó finalista este año en los Vendy Awards a la mejor comida callejera; la tortillería Nixtamal de Queens ha recibido elogios desmedidos del supuestamente imperturbable New York Times (7.21.2009), de New York Magazine (7.20.2009) y Time Out (1.19.2010); los restaurantes mexicanos El Paso, Taco Taco, Mesa Coyoacán y el revolucionario Hecho en Dumbo están en la lista de recomendaciones BIB Gourmand de la esotérica guía roja Michelin de este año; los tacos Calexico Carne Asada le han cambiado la cara y los antojos a los vecinos de Park Slope, Brooklyn, la “mejor colonia para vivir en Nueva York”, según un estudio del experto en estadística Nate Silver (New York Magazine, 4.11.2010).

Inútil prodigar más ejemplos. Los mexicanos imaginan alguna de la mejor comida neoyorquina –principio de cualquier noche placentera–, la cocinan, la colocan en el plato, la llevan a la mesa, la recogen de la mesa. El neoyorquino conoce o intuye su curiosa dependencia de ese mexicano: el mexicano es la parte indispensable de esa satisfacción.

(Alguien más perspicaz que yo, con estos mismos elementos, podría pensar: el mexicano es el siervo del neoyorquino adinerado; es un tornillo más de la maquinaria comestible; el campo mexicano es el patio trasero de los elevados apartamentos del Upper East Side. Acaso estaría en lo correcto. Yo, hoy nada más, porque estoy de muy buen humor, elijo decir que no es así.)~


Rescatamos este texto como parte de nuestro homenaje a Anthony Bourdain. Para leer el homenaje completo pueden comenzar aquí. Acá hay un obituario escrito por Javier Elizondo; acá, una memoria viajera de Alina Hernández; acá, un mapa de la ciudad de México mano a mano Bourdain vs Luis Reséndiz; acá, una receta coreana del propio Bourdain, y acá, dos recetas homenaje: una cemita poblana y un taco ultrachilango. Por último, una playlist: 19 rolas favoritas de Bourdain en los setenta.