Alrededor de la mesa II: Brindar

 

Reunidos a la mesa, riendo, elevando el ruido del comedor y de la casa entera, hombres y mujeres han ido dejando que el resto del mundo se disuelva o que sus problemas se vuelvan elemento de la conversación. (Alrededor de la mesa nacen los grandes analistas políticos.) Han comido y bebido, que son las dos actividades más felices que podemos realizar los seres humanos en conjunto. Es el momento de la sobremesa. Va para largo. Entonces uno de ellos sirve otra ronda, alza su copa y la sostiene unos segundos en alto. Los demás alzan las suyas también. El primero toma aire y dice…

 Charles Foster Kane brinda como los grandes.

Charles Foster Kane brinda como los grandes.

Hay brindis que vienen con toda naturalidad. Por supuesto, el más elemental de todos es a la salud de los presentes. Sólo deseamos una cosa: que los otros –las personas que queremos o que queremos querer– prolonguen su estancia en el mundo. Y para que lo hagan necesitamos que se cumpla un requisito: su buena salud. El trago que bebemos es una ofrenda que nosotros, paganos, depositamos en el altar de un dios secreto al tiempo que le hacemos una simple plegaria: Salud. La salud de los otros, claro, porque de la nuestra se encargarán los demás.

Otro brindis naturalísimo es el que viene hacia el final del año. Es el tiempo de reflexionar: de ponderar lo mucho que hicimos mal los pasados trescientos sesenta y tantos días, lo poco pero sabroso que hicimos bien; es tiempo de saludar con esperanza los días que vienen, días que –pensamos en esas horas mágicas– no pueden estar peor. En ese brindis también nos llenamos de deseos, más allá de la salud de los presentes, y de propósitos. Ahora sí voy a ir al gimnasio, ahora sí renuncio, ahora sí voy a ver más a mis hijos. Es un brindis hermoso el del fin de año porque está lleno de expectativa. Ese brindis es puro futuro.

Otros brindis nacen de las circunstancias personales del brindador: “Salud, porque pronto salgamos de ésta”; “Salud, por tu novela”. El día del estreno de la obra de teatro o de la inauguración del restaurante se reúnen los involucrados y brindan. “Salud, porque nos vaya muy bien”, dicen nerviosísimos y casi cierran los ojos cuando chocan las copas. El brindis es nuestra mejor manera de señalar un principio; de desearle a nuestro barco que arribe a buen puerto y a nuestros hijos que vivan una vida feliz ahora que han decidido casarse. Brindamos por su dicha –“¡Salud, mhijita! Y tú, ¡cuídamela mucho eh!”– y también por la nuestra –“Por fin: la casa para nosotros solos. ¡Salud!”–.