Kentucky Fried Chicken

 

No deja de ser maravillosa la aparición y expansión de Kentucky Fried Chicken en el mundo. Piénsenlo: el pollo frito es esencialmente difícil de estandarizar porque sus piezas son siempre de diferente tamaño, densidad, oseocidad. (¿Se entiende el sustantivo?) Repetirlo al infinito era paso menos que imposible salvo por un hombre inteligentísimo, Harlan Sanders, que desarrolló una suerte de olla exprés replicable para su producto. La mezcla de una receta a toda prueba y este artefacto resultó en uno de los platos más bellos y significativos de cualquier cocina en el mundo. La historia de Kentucky Fried Chicken es una historia desgarradora de American dream vs corporate America, del hombre que sale del fondo rural y la macrópolis que lo devora, del emprendimiento y el ridículo, de lo icónico y lo caricaturesco. No puedo hablar por el resto de HojaSanta pero, para mí, éste es el platillo clave del siglo XX. Tiene la resonancia del Ulises o Ciudadano Kane o Kind of Blue. No hay otra cosa comestible así. Esta receta fue desarrollada por The Chicago Tribune gracias a la colaboración de Joe Ledington, sobrino del coronel Sanders. Aunque no puedo decirles que la hagan –la sola idea de replicar en casa un plato desarrollado a la perfección específicamente para ser comido en un KFC de cualquier lugar del mundo, sacado de una caja o una cubeta, me parece insensata–, aunque no puedo decir eso, puedo decir: sí sale, eh. Buena réplica. –Alonso Ruvalcaba

© avlxyz / flickr

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INGREDIENTES

2 tazas harina

2/3 cucharada sal

1/2 cucharada tomillo seco

1/2 cucharada albahaca seca

1/3 cucharada orégano seco

1 cucharada sal de apio

1 cucharada pimienta negra molida

1 cucharada mostaza seca

4 cucharadas paprika

2 cucharadas sal de ajo

1 cucharada jengibre molido

3 cucharadas pimienta blanca molida

1 taza buttermilk

1 huevo batido

1 pollo, en piezas, cada mitad de pechuga partida en dos

Aceite de canola

Pizca de glutamato monosódico

En un tazón mezclen la harina con las yerbas y las especias. Reserven.

Mezclen la buttermilk y el huevo en otro tazón. Sumerjan el pollo en esta mezcla, déjenlo ahí media hora.

Retiren el pollo, dejando escurrir el exceso de líquido de las piezas. Pasen el pollo por la mezcla de harina y especias, cubriendo por todos lados. Coloquen las piezas sobre un rack, puesto a su vez sobre una charola. Denle unos 20 minutos ahí.

En una olla grande y pesada (tipo Le Creuset o Staub, si tienen chance) a fuego medio alto calienten unos 8 centímetros de aceite hasta que llegue a 180 grados. (Usen un termómetro de sumergir; no nos cansaremos de decirles que se compren uno.) Cuando el aceite alcance la temperatura, bajen el fuego a medio. El caso es mantener los 180 grados. Trabajando en tandas, frían 3 o 4 piezas de pollo a la vez, con cuidado de que tengan espacio libre. Que no se les amontonen. Frían hasta que estén doradas precioso color Kentucky Fried Chicken, dándoles una vuelta, unos 15-18 minutos. Pasen las piezas a una charola cubierta con toallitas de papel. Dejen que el aceite vuelva a llegar a 180 grados antes de freír la siguiente tanda. Repitan. Sirvan caliente con una pizquita de glutamato por encima del pollo. Verán qué delicia.~