#FondaTránsito: Pequeña rebeldía recetaria

 

texto y foto: Javier Elizondo

#FondaTránsito es la columna de recetas de Javier Elizondo, escritor versado en hachazos, cuchilladas y gore del bueno. Pueden seguirla aquí.

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En una de las alacenas que hizo Dora Olivia guardamos los platos, vasos, tazones, frascos, mantelitos, copas fifís, dos libretas y un libro. Una de las libretas —universitaria, negra, hermosa— tiene recortes de las recetas que mi abuela, Raquel, publicó en un periódico sonorense en los calurosos años cincuenta. Lo hacía con un seudónimo masculino, Mariano Dueñas. ¿Por qué el seudónimo? Sepa. Debe ser una buena historia pero todos los que se la sabían están bien muertos. Ahí también están algunas recetas de mi madre y ahora están las nuestras, que son esta #FondaTránsito. Las mejores son las de la abuela, para variar. Tienen un textito introductorio y las recetas son más relatos que instructivos. Son comidas rudas, del desierto de ayer. Las de mi jefa son como notas, otra de sus obras negras que con la ruina decoran su genio. La otra libreta es nuestro Panini alcohólico: un albumcito con las etiquetas de lo que nos tomamos.

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El libro es un imponderable, una verdadera joya. En el ’88, en el barrio de Tacuba, México, DF, un puñado de señoras y un señor se desviaron al terrible camino de la autoedición y, mimeógrafo de por medio, armaron un recetario con las comidas –según ellos– favoritas de sus hijos. Eran madres y un padre del Kínder Tolín, que estaba en la calle de Mar Mediterráneo y ya no existe. Yo fui a ese kínder y ello me granjeó el apodo Tolín entre mis tíos del norte. Tolín esto, Tolín lo otro. En fin. Para mi enorme fortuna, el ejemplar que me tocó de ese recetario sigue vivo y coleando. Me encantaría saber si algún otro sigue por ahí, apretado en alguna caja o, con suerte, en una cocina. No trae gran cosa, la verdad. Mucho microondas. Mucho cuete (guácala). Mucho Knorr. Instrucciones indescifrables. Tiene mucho corazón, eso sí, y una estampa invaluable: una señora le dice a otra cómo es que se tiene que preparar el pollo a la cátsup. No le tiene que gustar a nadie más que a su niña o niño horrible. Es un librito tremendo.

Van dos recetas: una de mi abuela Mariano –sopa de cebolla– y otra de la mamá de una tal Brenda Marín: sopa de bolitas de masa. Ya las probamos. No tienen pierde.~

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