El caso de la michelada

 

Ilustraciones por Arantxa Osnaya

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Existe una tensión en el territorio de la chela: un gusto de agregarle elementos, de engordarla y hacerla menos y menos “cerveza” –como en el feliz caso de la gomichela– y una exigencia de despojarla de elementos, de llegar a su quintaesencia –como en el caso del purismo y la cata cervecera más estricta–. Uno, por suerte, no vive en un mundo binario. No hay necesidad de elegir tajantemente. Podemos tomarnos la primera chela a lo purista y la segunda ya enloquecida de chamoy y de gomitas. Es más: podemos catar la cerveza más artesanal de las artesanales con la nariz tan respingada como Dios nos lo permita mientras escarchamos y engomamos un tarro, lo llenamos de ácidos y salsas, y luego verter en él el resto de la chela. Artesanía pura.

Podemos coctelizar (¿acoctelar?, ¿michelear?: ustedes elijan el verbo, al fin que aquí estamos entre la banda) una chela desde la lata, sin necesidad de un tarro. Tomen una lata de cerveza negra friísima y escárchenla con sal. Destápenla y denle un buen trago. Buena, ¿no? Ahora échenle ahí adentro el jugo de un limón y más o menos la misma cantidad de jugo de tomate; un dash de salsa de soya (si tienen la variedad usukuchi a la mano, por favor úsenla), unas gotitas del adobo de unos chipotles y Tabasco chipotle –la oscurita, ahumada– al gusto, que es mucho. Saluden a mi mejor amiga: Michelada Negra.

(También la michelada clásica se puede hacer directo en la lata. Escarcha de sal, trago, jugo de limón, salsa Tabasco –la normal–. Taraaaán.)

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Otras cheladas sí requieren tarro o al menos un vaso grande. ¿Al estilo Jalisco? Escarchen el tarro con sal y chile piquín en polvo, y refrigérenlo al menos 10 minutos; agréguenle unas gotas de salsa de soya, las mismas de salsa inglesa, las mismas de Tabasco y unos cuantos camarones secos. Ahora, lo que le quepa de cerveza clara. Acompañen con un caballito de tequila. ¿Al estilo costeño? Escarchen un tarro grande con sal; échenle el jugo de uno o dos limones, ¼ taza de jugo de tomate y lo mismo de clamato y lo mismo de pepino cortado en cubitos; 1 chile jalapeño en rodajas delgadas; lo que les quepa de camarones pacotilla y cuanta Tabasco Chipotle se les antoje; rellenen con cerveza clara. ¿Empepinada? Escarchen el tarro con sal y pimienta; agréguenle el jugo de uno o dos limones, 2 onzas de jugo de tomate, 1 onza del jugo de unos pepinillos, 2 de esos pepinillos en rodajas y lo que gusten de Tabasco clásica. (También pueden jugar con el escarchado. Hagan mezclas de especias. Una buena: partes iguales de chile de árbol en polvo, habanero seco en polvo y sal de gusano; otra: partes iguales de sal de ajo, pimienta negra, paprika y chile piquín. No hay límites.) 

El caso de la michelada es la experimentación, el deporte mismo de poner elementos uno encima de otro hasta que el tarro no pueda más y a punto de estallar suplique: bébeme.~