No se metan con mi cátsup

 

No lo hagan

Tomamos esta vindicación de la cátsup comercial (la Heinz, específicamente) de un libro padrísimo: The Wurst of Lucky Peach: A treasury of encased meat (2016) de Chris Ying y los editores de la fenecida (y llorada) revista Lucky Peach. Compren ese libro de inmediato: no se van a arrepentir.

(El aviso legal está al pie de este post.)

por Chris Ying; arte: Rob Engvall

Hay muchas buenas y sensatas razones para que hagan sus propios embutidos. O su propio pan, su propia charcutería, su propio queso. Por favor, los invito a hacer su mermelada, su kimchi, su sopa de pollo, sus verduras encurtidas, todo casero. No me encanta, pero entiendo el atractivo de hacer su propia cerveza.

Pero no hagan su propia cátsup. Esto va para los cocineros domésticos, pero estoy pensando específicamente en ustedes, Restaurantes.

No quiero su cátsup casera. Me vale si es de jitomate criollo que ustedes mismos cultivaron en sus jardines hidropónicos. Me vale si viene sazonada con sal de bambú y añejada en barricas de whisky. Muy especialmente me vale si tiene sabor curry.

No es que la cátsup casera sepa mal, per se; es que siempre –pero siempre– sabe peor que la embotellada.

A ver: si por alguna razón tienen una objeción moral o nutricional contra los alimentos procesados y no quieren servir productos de la tienda, pues bien. Asumo que aceptan que su cátsup es peor que la don Henry John Heinz. Pero si quieren hacer pasar su cátsup artesana por mejor que la Heinz, están en al menos 57 errores.  

Olvidémonos de la noción de que alguna vez lograrán la textura que consiguen los científicos de la comida industrial. Nunca me he topado con una cátsup no-comercial que tuviera ese lustre brillante, suavísimo, o esa viscosidad que se aferra a la botella y recubre las papas a la francesa que tiene la Heinz.

Y hablando del sabor de la cátsup casera: ¿a qué le tiran, eh? No pueden mejorar la cátsup ya. Es un condimento impecable: perfectamente ácido, suficientemente dulce, profundamente umami. Ya sé: pueden hacer muchas cosas para cambiar la cátsup pero ¿con qué sentido? ¿Creen que le hace falta rubor a la Mona Lisa?

Y para que no vayan a creer que estoy en la nómina de la Gran Cátsup, permítanme dejar constancia de mi fuerte objeción, también, ante los intentos comerciales de mejorar la cátsup. Si quiero ponerle sriracha o vinagre balsámico a mis papas fritas, ya veré. Allá yo.

Entonces: todo mundo deje de estar chingando con su cátsup.


Este elogio es parte de nuestra celebración del salto evolutivo que significó poner la comida entre dos panes. Celebren con nosotros aquí.


Reprinted from The Wurst of Lucky Peach. Copyright © 2016 by Lucky Peach, LLC. Principal photographs copyright © 2016 by Gabriele Stabile. Illustrations copyright © 2016 by Tim Lahan. Published by Clarkson Potter, an imprint of Penguin Random House, LLC.