Entre dos panes

Cocinar nos separó del resto de los animales. Meter la comida entre dos panes nos hizo estetas.

@ChurlHan

@ChurlHan

 

Los humanos no sólo aparecimos en la tierra para destruirla (aunque generalmente eso es cierto), también hemos hecho dos o tres cosas decentes, que hablan de una probable inteligencia más alta, como la de un delfinato superdesarrollado. Por ejemplo: poner la comida entre dos panes. Hoy nos parece natural, casi inevitable, pero fue un salto brutal de la evolución. Cocinar nos separó de los otros animales –dice Richard Wrangham en Catching fire: How cooking made us human–: empanar lo que cocinamos nos hizo estetas.

En HojaSanta decidimos celebrar este emocionante salto evolutivo. ¿Por dónde empezar? Por cocinar, naturalmente. Háganse un club sándwich, que es el primerísimo primer plano de cierta cocina americana: la de los jugadores, los huéspedes asiduos, los miembros de clubes por debajo de la mesa. La lista de ingredientes es larga, pero el resultado es deslumbrante. Tenemos dos versiones en el sitio: el Saratoga, que es el clásico de Upstate New York, ultrarrefinado, elegantísimo; y el club de foie gras que Enrique Olvera se sacó de la manga un día, muy al principio de Pujol. Tiene hinojo, eneldo, nieve de guayaba, higo. Si eso no es lujoso, nada en el mundo lo es.

 
@PhilKing

@PhilKing

 

El entrepán no puede ser únicamente lujo, por supuesto. Hay algo moral en él, algo con los pies en la tierra. Piensen por ejemplo en el sándwich cubano, que está siempre al alcance de la mano. El secreto está en la grasa, que en este caso no puede ser vegetal. Hay sándwiches completamente desaforados, enfermizos. Famosas últimas palabras: “Me hice una torta de tacos de canasta.” También hay sándwiches que buscan la mesura, que adoptan cierta actitud compuesta. Tengan esta torta de vegetales rostizados, que trae un pesto de pepita reciclable al infinito. Échenselo a una pasta, a un pescado, a otras tortas.

Dicen que un sándwich sólo es tan bueno como su mayonesa. Hay días en que estamos de acuerdo con esa afirmación. Hoy, para no ir muy lejos. Les traemos dos competidoras para Más Grande Mayonesa del Mundo: la salad cream de April Bloomfield y la fabulosa Kewpie japonesa, hackeada para hacer en casa. La primera, no se espanten, contiene seis huevos; la segunda –¡que no se espanten!–, glutamato monosódico. (Póngansela a su próximo báhn mì.) Así es el amor: sufrido, benigno, sin envidia, sin vanidad, sin rencor, cargado de huevo y glutamato monosódico. No se goza en la injusticia.

 
@AdamKuban

@AdamKuban

 

Guarden esta página. Vamos a mantenerla al día y, está claro, vamos a seguir hablando sobre sándwiches. Mientras tanto, sigan al doctor en entrepanes Pedro Reyes, PhD, que los llevará a las mejores 23 torterías del DF.