#LifeHack: Pollo rostizado en tres versiones

por: Alonso Ruvalcaba

 
 

Quítense el sombrero, dejen los zapatos en la puerta, guarden un silencio respetuoso, reverencial: están ante el santo poder del pollo rostizado. El de la rosticería, la panadería o el súper. El amigo de todos los niños. El gran conciliador. El hermano del pacheco, del godín, del community manager, del freelancer más solo del mundo. El salvador de la familia apresurada en navidad. El Salvador: punto. (Setenta y cinco pesotes entero en nuestra rosticería favorita del DF, Rosticería San Marcos allá en la Merced. Bello slogan, bellas comillas: Auténtico sabor "italiano".) Compren uno o varios; acá les ofrecemos tres maneras de utilizar las sobras o, si lo desean, el pollo completo. Son recetas tan fáciles que ni siquiera las posteamos como recetas sino como métodos o templates para que ustedes les hagan los cambios que se les antojen.

 
 
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Bruschette de ensalada de pollo

 Separen la carne del pollo, deshébrenla. Piquen toda la piel que no se coman con las manos mientras deshebran la carne. Coloquen la proteína en una taza medidora (mídanla) y pásenla a un tazón grande. Calculen una cantidad igual de jitomate picado (a nosotros nos salió una taza de carne/pielecita de un muslo, una pierna y media pechuga), 0.5 de hierbas picadas (nosotros nos fuimos por perejil, cilantro y tantita menta, que es lo que teníamos; el carácter del plato fue verde, fresco, chispeante; recomendadísimo) y 0.25 de cebolleta/scallion o como ustedes le llamen (nosotros le decimos negi porque con ese nombre la venden en el mercado de San Juan, que es el que tenemos más cerca). Mezclar todo con las manos. Ahora, varias cucharadas de mayonesa (nosotros le pusimos Kewpie, la mayonesa japonesa “del bebé”, porque esa la usamos para todo) y un par de cucharadas de mostaza. Limón, sal y pimienta (mucho de estas dos). Tatemen un poco de pan directo al fuego de la estufa o, si por ventura tienen, en un comal de barro MUY caliente. Ya saben qué hacer:

 
 
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Saliva chicken

 Así le dicen en inglés al pollo 口水鸡, que quiere decir algo como ‘pollo que hace agua la boca’. (Nosotros adaptamos la marinada del gran Danny Bowien.) Normalmente se hace con pollo pochado, pero qué diablos: ya tenemos pollito rostizado. Separen las pechugas con cuidado, quítenles la piel pero por vida suya NO LA VAYAN A TIRAR: háganse un taquito de aguacate y piel o cómanselas así, en vivo y en directo, a mano con tantita sal. Tomen todos los huesos del pollo rostizado y pónganlos en una olla con algo de cebolla (negi si es que tienen por ahí), konbu (si tienen también), un honguito shiitake y un muy buen trozo de jengibre. Llévenlo a hervor, apaguen el fuego, cuelen. Mientras eso pasa, pongan una cucharadita de semillas de hinojo, otra de comino y otra de pimienta sechuán en un recipiente. Piquen un par de dientes de ajo y un poco más de jengibre + 1 nebi grande + 2 chiles tai o serranos. Pónganlos en recipientes por separado; agréguenle una cucharadita de azúcar mascabado al jengibre + negi + chiles (sin mezclarlos, vaya, nomás para ahorrar recipientes). Mezclen media taza de salsa de soya con lo mismo del caldo de pollo jengibroso + 3 cucharadas de vinagre negro (chinkiang) + 1 cucharada de salsa de pescado. Ya está su mise-en-place. Ahora lo fácil: calienten 1 cucharada de aceite de chile, frían ahí las semillas y la pimienta, como 1 minuto o hasta que los aromas les piquen la nariz; agreguen el jengibre con todo lo que tenía en el recipiente (azúcar, chile, etc), frían 2 minutos; agreguen el ajo y los líquidos, hiervan 1 minuto. Apaguen el fuego, dejen templar. Corten lechugas en bocados con las manos (a más crujientes, mejor); pónganlas en un plato, encima pónganles una pechuga rebanada y encima déjenle ir la marinada templada; encima, yerbas (cilantro!). Dos cositas: 1. va a picar mucho; 2. les va a sobrar marinada, que aguanta en el refri unos días, aunque se pone cada vez más picosa. Y ya. Ta-da! 

 
 
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Ramen de pollo rostizado

 Primero separen la carne del pollo rostizado de los huesos; tomen éstos y hagan el mismo caldo que pusimos en el método anterior. Sazonen con sal, pero leve. Tengan listas dos órdenes de fideos para ramen, sean frescos o congelados de bolsita o instantáneos. Rebanen muy finamente un nebi. Revisen su refri. ¿Cómo andan de sobras? Nosotros teníamos unos vegetales salteados que compramos en uno de los puestos chinos afuera del metro Salto del Agua. (Diez pesitos!) Tal vez ustedes tienen kimchi o pepinos ya no en su mejor momento o pickles o elotitos. Tal vez hay por ahí un par de huevos cocidos. El ramen es su amigo; el ramen no discrimina nunca. Ahora en una ollita mezclen 1 parte de salsa de soya, 0.25 de sake y un poco de mirin (una cuarta parte de lo que pongan de sake), tantito jengibre, ajo y nebi; llévenlo a hervor, apaguen el fuego, cuelen. Cuelen el caldo de pollo que hicieron durante este tiempo, devuélvanlo a la olla y cuezan ahí los fideos según las instrucciones. (Pa que se den una idea: aprox 1 minuto si están frescos, 2-3 minutos si están congelados, 5 minutos si son instantáneos.) Coloquen una buena cucharada de soya + sake en el fondo del tazón; agreguen una orden de fideos; ahora una taza de caldo (los fideos no deben quedar sumergidos); y los toppings: los vegetales salteados o el huevo o el kimchi o los pickles o los elotitos o todos los anteriores; y por supuesto el pollo. ¿Ya? Ya.

(Perdonen las fotos como de softporn. Se acababa la luz en la oficina. Vayan a cualquier lugar en internet por un poco de softporn. Se lleva bien con pollo rostizado.)


Si no tenían pickles, intenten estos. Son rapidísimos.