El gimlet de Marlowe

 

por Alonso Ruvalcaba

El gimlet está a medio camino entre la adoración ciega y la aberración abnegada: hay quien ha escrito tratados sobre él, hay quien lo ha llamado ‘daiquirí que crece torcido’. Su receta es sencilla, incluye únicamente ginebra (a Buñuel, y hay gente a la que le gusta confiar en Buñuel, le gustaba el mareante Plymouth Full Strength) y el jugo de lima concentrado de Rose (los puristas –como se verá abajo– dicen que tiene que ser de esta marca), pero su pedigrí es largo cual cruda de martini. Quiere el folclor que los ingleses inventaran tanto el jugo de Rose como el coctel: que fue un aburrido pero brillante recluta de la Marina Real del Imperio el primero en unir su ración diaria de ginebra, lima y gotas de quinina para hacer más cortas las largas noches de guardia sobre la cubierta resbalosa. Se dice, además, que ese recluta venerable usó la palabra gimlet porque el jugo de lima llegaba a las colonias inglesas del siglo XVIII en contenedores que incluían, también, una pequeña herramienta de ese nombre, parecida a un sacacorchos. (La herramienta está en este texto de 1420: “Then came the good Bachus On hys hede he had a thredebare kendall hood; A gymlot and a fauset thereopon stood”, que tiene a Baco con un gimlet como tocado.)

 foto: Michael Korkuska/flickr

foto: Michael Korkuska/flickr

Otra versión quiere que el palabro provenga de sir T.O. Gimlette, oficial y cirujano que sirvió en la Marina Real entre 1879 y 1917. El Dictionary of Eponyms afirma que el buen doctor creó el gimlet como tónico medicinal –además de servirle para diluir ginebra, que él creía estaba arruinando las neuronas de muchos marinos.

Todo eso es conjetura. Lo que no es conjetura es que la bebida y su nombre no aparecen juntos hasta 1928, en I’ll never be cured, de D.B. Wesson: “The ‘Gimlet’ we were introduced to at the Golf Club: and it proved to be the well and flavorably known ricky, but described as gin, a spot of lime, and soda.” Un gimlet que es un ricky, pues. Pero el gimlet se graduó para siempre en 1953, cuando Raymond Chandler le dedicó unas pocas líneas que nadie se resigna a olvidar. En El largo adiós Terry Lennox, herido por la guerra y por los años que pasan estúpidamente, le dice al solitario Philip Marlowe, detective, estas palabras: “Un verdadero gimlet es mitad ginebra mitad jugo de Rose, y nada más. Se lleva de calle al martini.” Más adelante en un bar, una mujer flaquísima y de negro, que fuma un cigarro con boquilla de jade, nota que Marlowe pide un gimlet. Se acerca al oído del detective y le susurra con hastiada cachondez: “No muchos se atreven a beber gimlet por acá.” Marlowe ve su trago, su dudosa transparencia entre amarilla y nublada, lo prueba, es dulce y ácido al mismo tiempo. La mujer de negro se aleja y, desde su lugar en la barra, alza su copa y brinda. “Ambos bebimos –dice Marlowe–. Su trago y el mío eran el mismo.” Eso es lo más cool que leerán en mucho tiempo.~